© ACNUR/B.Sokol. Aboubacar Ag Ahmadou, de 45 años de edad, con su mujer y sus dos hijos en el campo de refugiados de Goudebou, en Burkina Faso. Huyeron en una carretilla tirada por un burro y llevando sólo consigo una cabra, que según cuenta Aboubacar, era lo único que no podía dejar porque le recordaba lo duro que había trabajado para conseguir una casa. “la cabra me da esperanzas, alegría y la sensación de que las cosas pueden cambiar para mejor”.
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