© ACNUR/B.Sokol. Homaia Ag Bara, de 70 años, junto a su mujer y a sus hijos en el campo de Mentao. Cuatro de sus hijos están sentados sobre uno de los dos asnos que llevó consigo después de que a dos de sus hermanos los hubieran matado en Malí. Los asnos cargaron a sus siete hijos durante un viaje por el desierto que duró diez días. “Salvaron a la familia”, afirma Homaia, que todavía está traumatizada. “Cuando todo el mundo vuelva, yo me quedaré en Burkina Faso porque me da demasiado miedo volver, me da miedo enfrentarme a esos horribles recuerdos”.
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