© ACNUR/B.Sokol. Matata Wallet Ali, de 37 años, posa para la foto con su hijo en el campo de Mentao. Cuenta que huyó de su casa antes de que se produjera una manifestación contra los tuareg en 2012 en la que mataron a dos de sus primos. Su huida fue tan repentina que, aparte de agua para beber, dice que lo más importante que se llevó consigo fue su familia. “Lo más doloroso de ser un refugiado es despertarte un día para encontrarte que has perdido la libertad, que ya no puedes decidir sobre tu vida”.
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