A Mohammed le encantan las casas. En su Alepo natal, en Siria, le gustaba caminar por la ciudad mirándolas. Ahora, la guerra ha acabado con muchos de sus edificios favoritos. Tumbado en su cama del hospital, se pregunta si alguna vez podrá alcanzar su sueño de convertirse en arquitecto. “Lo más extraño de la guerra es que te acostumbras a sentirte asustado. Jamás lo hubiera creído”, dice Mohammed. ©Magnus Wennman
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