Hay una diferencia entre cerrar los ojos y dormir, como bien sabe Gulistan, de 6 años. Prefiere cerrar los ojos y fingir, porque cada vez que se queda dormida, comienzan las pesadillas. “No quiero dormir aquí. Quiero dormir en casa”, ella dice. Echa de menos la almohada que tenía en su casa de Kobane en Siria. A veces se apoya sobre su madre y la usa como almohada. ©Magnus Wennman.
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