Después de acostar a Esra, Esma, y Sidra, Selam, refugiada siria de 37 años, se tranquiliza sabiendo que sus hijos están seguros y no sufrirán un ataque por la noche. Lo que le entristece es el hecho de que a menudo se despiertan desconsoladas porque sueñan constantemente con su padre, que desapareció después de ser secuestrado. “Muchas veces sueño que papá me trae caramelos”, dice Sidra. ©Magnus Wennman.
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