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Noticias Historias con rostro Crisis en el Congo: la terrible experiencia de huída y separación de un niño de 10 años

Crisis en el Congo: la terrible experiencia de huída y separación de un niño de 10 años Imprimir

© ACNUR/F.Noy. Sukuru está deseando volver a la escuela, que ha estado cerrada desde que comenzaron los combates a mediados de noviembre. En esta foto le vemos hace unas semanas junto a dos compañeros de clase en el campo de Mugunga III.
© ACNUR/F.Noy. Sukuru está deseando volver a la escuela, que ha estado cerrada desde que comenzaron los combates a mediados de noviembre. En esta foto le vemos hace unas semanas junto a dos compañeros de clase en el campo de Mugunga III.
MUGUNGA III, República Democrática del Congo, 27 de noviembre (ACNUR/UNHCR) – Perder a un hijo es una pesadilla para cualquier padre. La experiencia de Baseme y Eugenie ha sido aún peor porque se separaron de su hijo de 10 años, Sukuru, en medio de una zona de combate donde las balas zumbaban por todos lados y la gente corría para salvar sus vidas.

 

Eso fue hace seis meses pero durante las últimas dos semanas ha debido ser para ellos una especie de déjà vu, ya que los combates han vuelto a estallar en la provincia de Kivu Norte, en el este de Congo, entre las fuerzas del gobierno y el movimiento rebelde M23. Los combates han obligado a decenas de miles de personas a huir de sus hogares. Muchos de ellos han buscado refugio en el campo de Mugunga III, donde ya se encuentra Sukuru viviendo con su familia.

 

ACNUR les entrevistó a finales de octubre, antes de que los rebeldes avanzaran y tomaran la capital provincial, Goma, el pasado 20 de noviembre, lo cual aumentó los temores de miles de desplazados internos en Mugunga III y llevó a las agencias humanitarias a retirar a su personal no imprescindible a Ruanda.

La situación sigue siendo muy tensa en Kivu Norte y en el vecino Kivu Sur, por lo que el trabajador de ACNUR que contactó con Eugenie quedó aliviado de poder hablar con ella el fin de semana pasado durante la primera distribución de alimentos después de varios días en Mugunga III. La familia estaba bien, a pesar de la incertidumbre, y se había trasladado a las afueras del campo a una tienda comunitaria y a una casa construida con materiales financiados por ACNUR. Pero la escuela del campo había cerrado.

Durante un encuentro previo con Sukuru, era difícil imaginar la desesperación que este niño tan alegre debía haber sufrido después de perder a su familia durante los ataques en su aldea, ubicada a unos 20 kilómetros al noroeste de Mugunga III, en la zona de Masisi, en Kivu Norte.

Después de una relativa paz que ha durado unos años, la violencia de los combates estalló de nuevo el pasado mes de abril entre las fuerzas del gobierno y el M23, que agrupa a desertores descontentos del ejército. Las oleadas de violencia que se sucedieron, junto con el vacío legal general que se produjo, hizo que, para el mes de octubre, más de 220.000 personas se hubieran desplazado en Kivu Norte.

La primera oleada de combates llegó a Masisi y obligó a Sukuru, a sus padres, a sus tres hermanos pequeños y a sus vecinos a huir. “Había disparos por todas partes” dice el chico, que ahora vive en Mugunga. “Se desató el pánico, los tiros venías de todos sitios” añade su padre, de 31 años. Baseme dice que Sukuru, su hijo mayor, se perdió en el alboroto mientras huían. “Cuando ves a tus vecinos yacer muertos en el suelo, te entra el pánico” subraya.

Niños, mujeres, ancianos y personas con discapacidad son colectivos particularmente vulnerables en los conflictos y su protección es una prioridad para el ACNUR en situaciones volátiles como la del Congo, donde el desplazamiento casi se ha convertido en una forma de vida. Sukuru y sus padres, por ejemplo, también tuvieron que huir en 2008. Muchos de los que han huido esta última quincena han sido desplazados varias veces y entre ellos hay muchos menores separados de sus familias.

“Tenía unos zapatos muy viejos y no podía seguirles” recuerda Sukuru. Estaba aterrorizado, pero su instinto de supervivencia le empujó a seguir al grupo de personas que huía de la aldea. “Corría sin mirar a dónde iba. Sólo seguía a la gente. No podia parar de llorar porque había perdido a mis padres”.

Fue un momento muy duro para sus padres también. Una vez que cesaron los combates Baseme regresó a la aldea pero no pudo encontrar rastro de Sukuru. El chico estaba ya de camino a Goma.

“La primera noche dormí bajo un árbol de la carretera” dice Sukuru, que recuerda que además tenía hambre, echaba de menos a sus padres y se sentía desesperadamente solo, a pesar de estar rodeado de cientos de personas que habían llegado también a Goma. “Había madres a mi alrededor pero estaban demasiado ocupadas cuidando de sus hijos y sus pertenencias como para cuidar de mí”.

Para entonces sus padres ya se habían unido a otro grupo de miles de civiles desplazados que acababan de llegar al campo de Mugunga III, donde se encontraron con una enfermera que conocieron en 2008. Ella había visto de casualidad a Sukuru un día en Goma y se lo dijo a Baseme. “Cuando mi padre me encontró estaba tan cansado que tuvo que llevarme en sus espaldas hasta el campo de Mugunga” recuerda Sukuru.

Cuando ACNUR conoció a Sukuru parecía haber superado el trauma de su peregrinaje en solitario en busca de la seguridad. Pero la reciente inestabilidad en el este de Kivu Norte ha ensombrecido el futuro y ha interrumpido los servicios normales en el campo. ACNUR y sus socios están trabajando para retomar la asistencia y los servicios básicos tan pronto como la situación de seguridad lo permita.

Sukuru ha retomado de la escuela y es optimista respecto al futuro. “Quiero ser un buen educador, un buen maestro, para que los alumnos entiendan las lecciones” decía al equipo de ACNUR poco antes de ir hacia la escuela, con su cuaderno bajo el brazo y las colinas volcánicas de Kivu Norte como telón de fondo espectacular.

Pero a pesar de los últimos reveses y el trauma vivido por los civiles en el este de Congo, madre e hijo tienen fe de que Sukuru pueda continuar con sus estudios. Esto es también una prioridad para ACNUR.

Mientras, la violencia también ha impedido que su padre y otras personas puedan ir a Goma para buscar trabajo cada día en Goma con el fin de ayudar a que sus familias sean autosuficientes.

Preocupado por los más vulnerables, como Sukuru y su familia, y por su capacidad de ayudarles, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha pedido a todos los grupos armados que garanticen la seguridad de los civiles. “ACNUR pide urgentemente a todas las partes que tomen medidas para proteger a los civiles e impidan los ataques indiscriminados y desproporcionados contra ellos” afirmaba Stefano Severe, Representante Regional de ACNUR, la semana pasada. También pedía urgentemente que los campos para desplazados internos sean protegidos y que se respete su carácter civil.

Por Céline Schmitt en Mugunga III, República Democrática del Congo


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