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Noticias Historias con rostro Una joven refugiada sudanesa, decidida a poner su educación por delante del matrimonio

Una joven refugiada sudanesa, decidida a poner su educación por delante del matrimonio Imprimir

© ACNUR/P.Rulashe. Aida, a la derecha, junto a su abuela, que piensa que debería casarse pronto.
© ACNUR/P.Rulashe. Aida, a la derecha, junto a su abuela, que piensa que debería casarse pronto.
CAMPO DE REFUGIADOS DE YUSUF BATIL, Sudán del Sur, 8 de mayo de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Hace justo un año, la determinación de Aida Budjut por continuar sus estudios provocó la dura oposición de su abuela, que piensa que la joven de 16 años debería casarse y tener niños.

Pero Aida, refugiada sudanesa, no se iba a dejar achantar y, con el apoyo de un poderoso y progresista aliado, su padre, está ganando la batalla. Esta adolescente comenzó hace poco su sexto curso de inglés para extranjeros con el fin de aprender el idioma y, con el tiempo, enseñar inglés a estudiantes de primaria.

Ella es uno de los 400 refugiados en los campos de Sudán del Sur que han sido admitidos para este curso por parte de Windle Trust International, un socio colaborador de ACNUR. Además, Aida ha comenzado a trabajar como profesora de infantil en el campo de refugiados de Yusuf Batil tras finalizar un curso de preparación para educación infantil. Para ACNUR es clave el acceso de los refugiados a la educación , especialmente de las niñas.

Aunque Aida está ganando el equivalente a unos 250 dólares mensuales, con los que ayuda a su familia, su abuela, Rajab, todavía no está convencida. “Mi abuela pensó que me conformaría con haber ido a clase y que después aceptaría casarme” dice la joven. “Pero ella no entiende qué es lo que yo quiero”.

Aida explica que no quiere acabar atrapada en un matrimonio temprano y dependiendo de su marido, como les ocurre a otras jóvenes que ella conoce. Hasta la fecha, ha rechazado a tres pretendientes. “¿Quién querrá casarse con ella si sigue rechazando propuestas de matrimonio?” se queja su abuela.

Es una cantinela a la que la joven ya se ha acostumbrado tras vivir durante meses ella sola con su abuela de 60 años en el campo de Yusuf Batil. Toda la familia tuvo que huir de su aldea en el estado de Nilo Azul, en Sudán del Sur, a finales de 2011 cuando se convirtió en objetivo del conflicto entre el ejército sudanés y el movimiento Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán- rama Norte.

Aida y Rajab quedaron separadas del resto de la familia e hicieron su viaje solas hasta el campo de Yusuf Batil, en Sudán del Sur. Preocupada por cómo iba a mantener a su nieta, Rajab pensó sinceramente que sólo el matrimonio podría ofrecer seguridad económica a la chica.

Para huir de la insistencia de su abuela, Aida empezó a explorar el campo donde viven casi 38.000 personas y comenzó a buscar algo que hacer o estudiar. Entonces, un día, sus padres y parientes llegaron al campo y las cosas empezaron a cambiar. “Estaba muy feliz de ver a mis padres, no sólo porque estuvieran vivos” dice, “sino también porque mi padre no estaba de acuerdo con la insistencia de mi abuela por casarme”.

Poco después del reencuentro familiar, Aida caminaba un día por el mercado de Yusuf Batil cuando pasó por delante de un grupo de personas que estudiaban en una de las escuelas del campo. Tras una inspección más cercana, se dio cuenta de que era gente de su edad que estaba participando en un taller para profesores de educación infantil.

“No quería irme de la escuela, y entonces un profesor me dijo que me uniera al grupo porque estaba distrayendo a la clase” recuerda. “Era como volver al colegio. Estaba muy contenta” dice sobre el curso que duró un mes.

Mientras tanto, Aida está participando de un curso de formación ofrecido por Windle Trust y financiado por ACNUR, y confía en estar haciéndolo bien. Como muchas de las otras alumnas, ella creció estudiando en árabe, pero ahora debe especializarse en inglés, el principal idioma extranjero que se estudia en Sudán del Sur.

“Puede que no sea una continuación de mi educación secundaria en un sentido convencional” dice Aida, “pero definitivamente está contribuyendo a mi meta de aprender inglés y convertirme en maestra”. Los estudiantes, ninguno de ellos angloparlante, están aprendiendo a utilizar materiales audiovisuales y técnicas de lenguaje corporal para formación.

“Cualquier persona que no hable inglés puede aprender a enseñar inglés, una vez acabado el curso, a un nivel de educación primaria” explica Deborah Namukwaya, de Windle Trust, quien gestiona este programa de formación apoyado por ACNUR en los campos de refugiados del estado de Alto Nilo, en el condado de Maban.

Cuando acaben el curso, los nuevos profesores como Budjut darán clases a 40 ó 50 estudiantes. A finales de 2012, unos 20.000 niños estaban inscritos en las escuelas de los cuatro campos de refugiados que hay en el condado de Maban, que en su conjunto acogen a unos 116.000 refugiados. Un quinto campo acaba de abrirse.

Mientras tanto, Rajab ya no insiste más a Aida para casarse de inmediato, pero sigue pensando que debería encontrar un marido, al menos antes de que cumpla los 20 años.

Por Pumla Rulashe en el campo de refugiados de Yusuf Batil, Sudán del Sur


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