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Noticias Historias con rostro Shahad, una niña refugiada de cuatro años que antes llevaba una vida normal ahora necesita ayuda

Shahad, una niña refugiada de cuatro años que antes llevaba una vida normal ahora necesita ayuda Imprimir

© ACNUR/E.Dorfman. Shahad sonríe rodeada de sus nuevos amigos. Esta pequeña refugiada perdió a dos hermanos y resultó herida por un ataque en su casa de Siria.
© ACNUR/E.Dorfman. Shahad sonríe rodeada de sus nuevos amigos. Esta pequeña refugiada perdió a dos hermanos y resultó herida por un ataque en su casa de Siria.
BEIRUT, Líbano, 7 de junio de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Shahad, de cuatro años, nació en un pueblo cerca de Hama, en el oeste de Siria. Su nombre significa “lo más dulce de la miel”. Su padre, Yehia, es un granjero que cultivaba trigo y cebada. Antes de la guerra la familia recuerda que tenían “la mejor vida”.

Pero el pasado mes de septiembre los combates derrumbaron el hogar familiar de tres plantas. Jasim, el hermano de Shahad, de 10 años, y su hermana pequeña Aya, que no había cumplido los dos, murieron en el ataque junto con otros cinco miembros de la familia. A Shahad la sacaron de entre los escombros con el rostro lacerado y la cabeza abierta.

La familia la llevó corriendo a una clínica local, donde el personal, desbordado, cosió sus heridas y rápidamente hicieron a la familia volver por donde habían venido. “No había tiempo ni para limpiar adecuadamente la herida” dice Yehia Toda la familia huyó a la frontera. Por el camino les pararon en docenas de checkpoints, donde temieron que les detuvieran o encarcelaran. 17 horas después, pasada la media noche, llegaron al Líbano con tan sólo una maleta.

Shahad es una de los más de 1,6 millones de sirios, aproximadamente la mitad niños, que han tenido que huir de sus hogares hacia países vecinos a raíz de una guerra civil que se prolonga ya dos años. Para finales de 2013, si continúan los combates, el número de refugiados podría alcanzar la cifra de 3,45 millones de personas.

Dentro y fuera del país, casi la mitad de la población de Siria podría necesitar ayuda para finales de año. Con el fin de atender estas necesidades, Naciones Unidas lanzó esta mañana en Ginebra el mayor llamamiento de su historia. El objetivo es recaudar miles de millones de dólares con fondos complementarios para ofrecer asistencia de emergencia a personas como Shahad.

La ayuda ya se está destinando a los más vulnerables, entre ellos un 75% del total, personas que, como la familia de Shahad, no están viviendo en campos sino en áreas urbanas. Las maltrechas infraestructuras y las comunidades de acogida saturadas en los países vecinos hacen que familias refugiadas como la de Shahad se enfrenten a un futuro incierto. Cientos de miles de personas han subsistido gracias a sus ahorros pero ahora se están quedando sin medios para sobrevivir por su cuenta. Si las agencias de Naciones Unidas y sus socios no obtienen más fondos, estos supervivientes podrían verse cada vez más abocados a la explotación, el hambre y las enfermedades.

En el Líbano, Shahad y su familia han logrado escapar de la guerra, pero su vida está lejos de ser normal. Están viviendo en un edificio universitario a medio construir en el sur de la ciudad de Sidon. Comparten este edificio con más de 650 refugiados.

La familia fue registrada por ACNUR el año pasado y recibió materiales básicos como colchonetas, mantas, utensilios de cocina y paquetes higiénicos. Las agencias humanitarias facilitan electricidad al edificio, han instalado letrinas fuera y garantizan el suministro de agua potable. Los refugiados además están recibiendo vales de comida.

Pero esta familia se enfrenta a grandes retos. Yehia está intentando encontrar trabajo como jornalero para ganar algo de dinero y comprar comida, pero hay pocos trabajos. Cada mañana, se levanta a las cinco para salir a la calle y encontrar alguna faena que hacer ese día por el equivalente a unos 10 dólares. A veces no come para que sus dos hijos tengan algo que llevarse a la boca.

Quiere mandar a la hermana mayor de Shahad a la escuela pero no puede pagarse el transporte, aunque el gobierno libanés, con el apoyo de ACNUR, pagará la matrícula. El padre de Yehia se ha reunificado recientemente con la familia. Es diabético y sufre del corazón. También se ha reunificado un hermano suyo, que se está recuperando de una herida de metralla en la pierna, y su hermana, cuyo marido y yerno fueron asesinados. Todos dependen de él. Su mujer, Fátima, apenas habla y todavía llora la pérdida de sus hijos.

Shahad y su hermana Raghad, de seis años, tienen pesadillas por las noches. Si la guerra continúa y la poca asistencia que recibe la familia desaparece, Yehia dice que no sabe cómo sobrevivirán. Le preocupa el efecto de la guerra en el futuro de sus hijos. “Han conocido la guerra” dice con tristeza. “Lo han visto….todo”. Yehia, como muchos otros padres, está haciendo lo que puede por mantener con vida a los miembros de su familia que han sobrevivido. Pero no podrá hacerlo solo.

Por Andrew Purvis en Beirut, Líbano

> Donaciones para la emergencia en Siria: www.eacnur.org, llamando al 902 218 218 o mandando un SMS* con la palabra ACNUR al 28014

*Donación íntegra de 1,20 euros para ACNUR. Válido para Movistar, Vodafone y Orange.


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