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Un jubilado sirio que se recupera de un derrame encuentra la salvación en Turquía Imprimir

© ACNUR/ E.Argunhan. Muhammed İbrahim Shanun, de setenta años, pensaba que tendría una vida tranquila en Kobane tras su jubilación. Hoy es un refugiado en la ciudad turca de Suruc y se alimenta gracias a una sonda.
© ACNUR/ E.Argunhan. Muhammed İbrahim Shanun, de setenta años, pensaba que tendría una vida tranquila en Kobane tras su jubilación. Hoy es un refugiado en la ciudad turca de Suruc y se alimenta gracias a una sonda.
SURUC, Turquía, 12 de febrero de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Tras una vida trabajando en la ciudad de Kobani, en el norte de Siria, Muhammed Ibrahim Shanun pensaba que los tiempos difíciles habían terminado. “Ahora que por fin estaba jubilado pensaba que mi vida sería más fácil”, confesó hace poco a ACNUR en la ciudad turca de Suruc, a unos diez kilómetros de la frontera con Siria.

Sin embargo, el año pasado, cuando los negros nubarrones del conflicto en Siria empezaron a expandirse hacia Kobani, la vida de este hombre de setenta años estaba a punto de volverse más dura de lo que había sido nunca. Primero, la guerra le obligó a dejar su hogar y le despojó de sus bienes, incluyendo su casa, su tienda y su coche. Después, el estrés causado por estas pérdidas empeoró gravemente su estado de salud.

“No podía vivir con el miedo y el estrés de dejarlo todo y, como consecuencia, se me formó un coágulo de sangre en el cerebro”, explica este padre de diez hijos, ya adultos, que acabó por sufrir un leve derrame cerebral que afectó a su capacidad de masticar y tragar. “Esta no es la vida que había soñado tener en mi vejez”, afirma.

Existen decenas de miles de desplazados sirios por toda la región que padecen enfermedades. Algunas, incluso, constituyen un peligro para sus vidas, como el derrame cerebral que sufrió Ibrahim. ACNUR y sus socios luchan para ayudar a muchas de estas personas que no tienen acceso al tratamiento urgente que necesitan. Ibrahim se considera muy afortunado, ya que obtuvo asistencia médica en Turquía antes y después de que huyera de Kobani. “De no ser así, habría muerto”, asegura.

Cuando los sirios empezaron a huir a Turquía en el año 2011, el gobierno turco ofreció “protección temporal” a los recién llegados, que incluía atención sanitaria gratuita. Además, en respuesta a la afluencia de personas que venía desde Kobani, las autoridades turcas instalaron tres carpas para primeros auxilios y controles médicos. También destinaron treinta ambulancias para el transporte de enfermos y heridos al hospital.

Los problemas de salud de Ibrahim comenzaron dos años antes de que la guerra llegase a Kobani, el pasado mes de septiembre, provocando que la mayoría de sus habitantes buscase protección en Turquía o en el norte de Irak. Antes del asedio a Kobani, que finalizó el pasado mes de enero, Ibrahim viajó en varias ocasiones a las ciudades turcas de Gaziantep y Sanliurfa para recibir atención sanitaria gratuita bajo la medida de protección temporal que ofrecía el gobierno.

Esta medida ha ayudado a un gran número de personas. Entre el año 2011 y mediados de noviembre de 2014, se registraron más de seis millones de visitas a centros de salud, se realizaron alrededor de 185.000 operaciones y se vacunó a más de 380.000 personas, en su mayoría a niños, contra el sarampión y la polio. ACNUR presta su apoyo a Turquía proporcionando asistencia médica y suministros a los refugiados en áreas urbanas y comunidades de acogida, incluyendo ambulancias, paquetes para la higiene personal y clínicas móviles.

Ibrahim, junto con su mujer y uno de sus hijos, se unió a los cerca de 190.000 civiles que huyeron a Turquía cuando se inició el ataque a Kobani. Encontró refugio en Suruc, donde la afluencia de sirios duplicó su población de 100.000 habitantes. A finales del pasado mes de enero, las autoridades turcas instalaron un campamento para albergar a los refugiados provenientes de Kobani. Este campamento tiene capacidad para 35.000 personas, lo que lo convierte en el mayor campamento de Turquía.

Como Ibrahim no conocía a nadie en Suruc, las autoridades competentes le ofrecieron alojamiento en un centro de tránsito para refugiados. Además, necesitaba atención médica, ya que su salud había empeorado a causa del estrés, y un sistema de alimentación especial.

Las autoridades turcas llevaron a Ibrahim al hospital de Suruc, donde se le administraron alimentos líquidos y nutrientes por vía nasal, debido a su problema para tragar. El equipo de ACNUR se ha estado reuniendo con Ibrahim, que fue trasladado recientemente al nuevo campamento en Suruc, y ha estado estudiando la posibilidad de que se someta a una operación para mejorar su estado de salud.

Ibrahim confesó que le gustaría reunirse con sus otros hijos, que viven en Europa e Irak, “pero no puedo arriesgarme a ir ahora con mi frágil estado de salud”. En su cara se refleja la presión por la que ha pasado y sus problemas de salud necesitarán un tratamiento a largo plazo para una recuperación total.

“En Turquía tengo asistencia y estoy a salvo”, señala, y añade: “dependo de estos cuidados y estoy muy agradecido a las autoridades por prestarnos su ayuda”. Aunque su futuro es aún incierto, al menos se encuentra seguro y recibe tratamiento, a diferencia de muchos otros desplazados en Siria, mientras el conflicto está a punto de comenzar su quinto año.

Por Selin Unal en Suruc, Turquía.


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