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Un refugiado sirio monta un negocio de reparto de pizzas en el campo de Za'atari Imprimir

© ACNUR/C.Dunmore. Abu Mahmood, de 48 años, hace pizzas en su panadería en el campo de refugiados de Za'atari. Originario de Dara'a, en el sur de Siria, abrió la “Pizzería de la Paz” en 2013 para mantener a su familia mientras viven en el campo. Recientemente ha iniciado el primer servicio de reparto de pizzas del campo y manda la comida en bicicleta a los ocupados trabajadores humanitarios y a los refugiados.
© ACNUR/C.Dunmore. Abu Mahmood, de 48 años, hace pizzas en su panadería en el campo de refugiados de Za'atari. Originario de Dara'a, en el sur de Siria, abrió la “Pizzería de la Paz” en 2013 para mantener a su familia mientras viven en el campo. Recientemente ha iniciado el primer servicio de reparto de pizzas del campo y manda la comida en bicicleta a los ocupados trabajadores humanitarios y a los refugiados.
CAMPO DE REFUGIADOS DE ZA'ATARI, Jordania, 2 de marzo de 2015 (ACNUR/UNHCR) – Un emprendedor sirio ha traído una porción de vida normal a los refugiados y trabajadores humanitarios del campo de refugiados de Za'atari gracias al primer negocio de reparto de pizzas que acaba de iniciar.

Abu Mahmood, de 48 años, era fontanero y dueño de una tienda de venta al por mayor en la provincia de Dara'a, al sur de Siria, antes de que los combates le obligaran a él y a su familia a buscar refugio en la vecina Jordania a finales de 2012.

Unos meses después de llegar al campo de Za'atari, a pesar de haber perdido su casa y su trabajo, Abu Mahmood ya estaba haciendo y vendiendo zumo de naranja cuando se le ocurrió un nuevo plan para mantenerse él y su familia en el campo.

 “Cuando estaba en Siria siempre pensé en abrir una panadería y hacer pizza, pero sólo después de llegar al campo la idea se convirtió en realidad” explica a sus visitantes de ACNUR.

Abu Mahmood pidió prestado dinero para arrancar el negocio y en octubre de 2013 abrió “Mu'ajanat Esalam” –o la Pizzería de la Paz”, en la calle comercial de Za'atari, conocida como Campos Elíseos.

Cada mañana, a las 6, Abu Mahmood y Yahya, el panadero, encienden el gran horno para pizzas y preparan hasta 3.000 raciones. Las que mejor venden son las clásicas margaritas de queso y tomate, así como pequeñas masas de pizza cubiertas de carne, salsa de tomate y cebolla.

Aunque el negocio marchaba bien, Abu Mahmood dice que se dio cuenta de que había muchos clientes potenciales en el campo que vivían demasiado lejos o que no tenían tiempo de venir a su tienda en los Campos Elíseos.

 “Nadie más estaba repartiendo pizzas, así que vi una oportunidad y compré una bicicleta. Ahora podemos hacer entregas en cualquier parte del campo” dice. Habitualmente hace entre 30 y 50 repartos al día, a menudo a trabajadores humanitarios que quieren comer en sus oficinas o a refugiados que viven en zonas lejanas en el campo.

 “Esto demuestra el espíritu que hay en el campo. La gente no está tan solo esperando que las agencias humanitarias creen oportunidades para ellos, son proactivos, muy creativos y tienen nuevas ideas” dice Nasreddine Touaibia, un trabajador de ACNUR y cliente habitual del servicio de reparto.

 “Este negocio también ayuda a aportar una sensación de normalidad en el campo”, añade Touaibia. “Es como si estuvieras en cualquier otro lugar, pueblo o ciudad, donde la gente quiere ofrecerte sus servicios para mover sus negocios y obtener beneficios”.

Abu Mahmood dice que añadir este último servicio de reparto ha dado un empujón al negocio y, como si viniera a demostrarlo, llega un pedido de 500 pizzas de carne para una boda en otra zona del campo.
Dice que aunque nunca imaginó que se vería obligado a abandonar su país y convertirse en refugiado, él está contento con la nueva carrera que está desarrollando por sí mismo en el campo. “Es un buen negocio e incluso estoy pensando en abrir una pizzería en Siria cuando regrese”.

Por Charlie Dunmore en el campo de refugiados de Za'atari, Jordania


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