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La guerra y el hambre, causas del desplazamiento en Sudán del Sur Imprimir

 Nyanchau Teny mastica una nuez de palma seca en Rumbek, Sudán del Sur. Ha sobrevivido a base de frutas silvestres y la leche de su madre durante más de siete días después de huir de Mayendit. ACNUR / Rocco Nuri
Nyanchau Teny mastica una nuez de palma seca en Rumbek, Sudán del Sur. Ha sobrevivido a base de frutas silvestres y la leche de su madre durante más de siete días después de huir de Mayendit. ACNUR / Rocco Nuri
JUBA, Sudán del Sur, 11 de diciembre de 2015 (ACNUR/UNHCR) – Dos años de enfrentamientos han alejado a los granjeros de sus tierras. Ahora la hambruna está empujando a cada vez más personas a emprender arriesgados viajes en busca de ayuda.

Sentados en un suelo de tierra compacta sin nada que comer, 31 personas que huyeron de sus hogares tras años de guerra, hacen turnos mientras mastican una nuez de palma seca.

Son en su mayoría madres con niños pequeños, y al fondo un hombre mayor que mece ansiosamente a su hijo enfermo. Todos están extremadamente delgados y desorientados, esta puede ser su única comida del día, pero al menos aquí están a salvo. “Aún hay poca comida, y los niños siguen enfermos, pero no hay tiroteos”, cuenta Nyepach Benyluok, quién cree tener unos 25 años.

Han caminado durante una semana para escapar de una zona que está al borde de una de las mayores crisis alimentarias del mundo, donde tres cuartas partes del millón de personas sobreviven hoy a base de plantas silvestres, lirios de agua, y peces de pantano.

Hay casi 2,4 millones de personas a lo largo del país oficialmente clasificados en situación de crisis o emergencia de inseguridad alimentaria, según FEWS NET (Famine Early Warning Systems Network en inglés), el organismo mundial encargado de vigilar este tipo de escenarios. De ellos, 1,6 millones están desplazados de sus hogares bien por culpa de la guerra, por el hambre que la sucedió, o por ambas.

Los más débiles enferman por el camino, como Chuol, de 4 años. Geng no puede permitirse el lujo de llevarlo al hospital, y desconfía de los remedios locales. ACNUR/UNHCR
Los más débiles enferman por el camino, como Chuol, de 4 años. Geng no puede permitirse el lujo de llevarlo al hospital, y desconfía de los remedios locales. ACNUR/UNHCR

El conflicto y la persecución han obligado a una cifra récord de personas en todo el mundo a huir en 2014: 59,5 millones, según la Agencia de la ONU para los Refugiados. Aunque las causas del desplazamiento varían, hay pocos signos de que esta tendencia disminuya en 2015.

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, fue arrojado nuevamente a la guerra el 15 de diciembre de 2013, cuando meses de tensiones políticas estallaron en un tiroteo entre facciones rivales de la guardia presidencial. La propagación de la violencia primero llevó a que la población abandonase sus casas y pueblos, pero la prolongada hambruna, junto a las pocas esperanzas de que las cosechas pudiesen aliviarla, les hizo emprender largos y arriesgados viajes en busca de seguridad en lugares lejanos.

En octubre, un informe de 12 agencias humanitarias que operan en Sudán del Sur, incluidas la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, señalaron que el número de personas en alto riesgo de inseguridad alimentaria o desnutrición había aumentado un 80 por ciento con respecto al año precedente.

En las zonas más afectadas, incluidas las partes del Estado de Unity de las que Benyluok y su grupo huyeron, “la acción humanitaria (era) urgentemente necesaria para prevenir el incremento de la malnutrición y la muerte”, alertaba el informe del Grupo Técnico de Trabajo para el análisis de la Seguridad Alimentaria en Sudán del Sur.

Desde entonces, las agencias de ayuda no han podido trabajar libremente donde son más necesarias. Nuevos enfrentamientos estallaron en Leer, la capital de Unity, poco después de que este informe fuese publicado. Las escaramuzas continuaron en otros lugares. Los observadores informaron de repetidas violaciones del acuerdo de paz firmado en agosto.

Actualmente, la situación parece haber empeorado. “La inseguridad alimentaria probablemente empeore significativamente de enero a marzo” en Unity y en otros dos estados, Upper Nile y Jonglei, advirtió FEWS NET.

La pequeña de dos años, Nyanchau Teny, bebe una infusión de las hojas del árbol de neem en Rumbek, Sudán del Sur. La infusión de Neem se utiliza para tratar la tos, la diarrea y los vómitos.ACNUR/UNHCR
La pequeña de dos años, Nyanchau Teny, bebe una infusión de las hojas del árbol de neem en Rumbek, Sudán del Sur. La infusión de Neem se utiliza para tratar la tos, la diarrea y los vómitos.ACNUR/UNHCR

Por este motivo había que marcharse, según Beyluok. “El hambre y los enfrentamientos se recrudecieron tanto que no quedaba nada para comer”, dice. “No había otra opción que venir aquí, aunque sigamos hambrientos, y los niños estén enfermos, y no tengamos nada, ni una esterilla donde dormir por las noches”.

Nyawich Bangot se sienta al lado y asiente, mientras su bebé languidece en su regazo. “Había tantos asesinatos arbitrarios: los hombres eran asesinados al azar, hasta los niños eran asesinados al azar”, dice. “Nuestras casas fueron totalmente destruidas con nuestra comida almacenada dentro, la comida que cultivamos con nuestras manos y que nos permitía sobrellevar los tiempos duros”.

“Sin eso, no había forma de sobrevivir. Nos dimos cuenta que teníamos que irnos. Incluso en el camino, la gente se desmayaba porque estaban débiles por la falta de alimento, pero no podías parar a ayudarlos, eran demasiados. Mucha gente fue abandonada en el monte”.

Este grupo de 31 personas son parte del goteo de alrededor de 350 individuos que llegaron recientemente a la relativa seguridad de Rumbek, la capital de Lakes State, a una semana de marcha al sur de las regiones más afectadas de Unity.

Sin dinero para comprar alimentos, las familias se ven obligadas a sobrevivir con lo que pueden encontrar: en este caso, las malas hierbas que crecen silvestres cerca de sus hogares temporales.ACNUR/UNHCR
Sin dinero para comprar alimentos, las familias se ven obligadas a sobrevivir con lo que pueden encontrar: en este caso, las malas hierbas que crecen silvestres cerca de sus hogares temporales.ACNUR/UNHCR

Probablemente hay más en camino. Las luchas entre fuerzas leales al presidente de Sudán del Sur y las que están de parte de su ex vicepresidente hacen que los granjeros fracasen en sus repetidos intentos de plantar cultivos. Las cosechas son ahora una décima parte de lo habitual en algunas partes de Unity, según FEWS NET.


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