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Noticias Historias con rostro Cómo ayuda ACNUR a cambiar la vida de los jóvenes en Lesbos

Cómo ayuda ACNUR a cambiar la vida de los jóvenes en Lesbos Imprimir

© ACNUR/UNHCR/A. Zavallis. Huda Al-Shabsogh, oficial de ACNUR que trabaja con menores no acompañadas en la isla de Lesbos, habla con un refugiado en el centro de recepción y registro de Moria.
© ACNUR/UNHCR/A. Zavallis. Huda Al-Shabsogh, oficial de ACNUR que trabaja con menores no acompañadas en la isla de Lesbos, habla con un refugiado en el centro de recepción y registro de Moria.
LESBOS, Grecia, 11 de enero de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Siempre que Huda Al-Shabsogh, trabajadora de ACNUR en la isla griega de Lesbos, accedía a las instalaciones de régimen cerrado para menores no acompañados en el centro de recepción y registro de Moria, montones de niños y niñas se entusiasmaban.

“¡Tita! ¡Tita!” gritaban alegres en árabe. “¿Qué tal estás hoy?”

Aunque Huda cuidaba de decenas de niños y niñas nuevos cada mes, conocía a cada uno de ellos por su nombre. La mayoría eran chicos jóvenes entre 14 y 17 años, aunque también vio a chicas.

La mayoría de ellos se quedaban en la isla por unos días o unas semanas, hasta que ACNUR – junto con las ONGs socias y las autoridades griegas – podían ayudarles a encontrar soluciones individuales para cada uno de ellos.

“Todos necesitaban asesoramiento, pero algunas veces simplemente querían hablar”, contaba Huda. “Ellos están muy, muy asustados cuando llegan aquí.”

Huda trabaja normalmente en Amman, Jordania, donde es responsable de servicios comunitarios de ACNUR. Fue destinada temporalmente a Lesbos para llevar a cabo un trabajo similar asistiendo a los refugiados más vulnerables, como personas con discapacidad, madres solteras, personas con problemas médicos, o menores no acompañados o separados de sus familias.

Con otros compañeros, Huda se encarga de identificar y organizar las necesidades de protección individual, tales como alojamiento especial o servicios de salud.

En Lesbos, su primer destino con ACNUR fuera de Jordania, Huda se concentró en los niños y niñas no acompañados. (Huda ya completó su trabajo con ACNUR el 3 de enero y ha regresado a Jordania. Otros miembros del personal de ACNUR continúan ahora su trabajo).

El proceso de identificar a los menores comienza en las playas de la isla, donde centenares de refugiados e inmigrantes desembarcan cada día después de realizar el corto, aunque peligroso, cruce de 10 kilómetros en barco desde Turquía. Voluntarios, trabajadores humanitarios de numerosas ONGs, y oficiales de protección de ACNUR trabajan conjuntamente para encontrarles entre los recién llegados.

Muchos menores declaran que son adultos para evitar que las autoridades griegas y europeas les envíen a centros cerrados por su seguridad. A menudo los menores lo consideran como una especie de detención, ya que no son libres de entrar y salir.

Esto hace que su identificación sea particularmente complicada. Por esta razón, no existen cifras fiables de cuántos menores llegan a las islas griegas.

De todas maneras, en líneas generales el número de niños y niñas refugiadas está en aumentando. Según las estadísticas de la ONU, los niños y niñas representan ahora un tercio de los refugiados e inmigrantes que cruzan a través de Grecia, una cifra mucha más elevada que la que se tenía a principios de año, que apuntaba a uno de cada diez. Desde enero a septiembre, se registró la cifra record de 214.000 peticiones de asilo de menores en toda Europa.

Una vez que los menores son identificados en Lesbos, los trabajadores de protección de ACNUR gestionan su derivación en autobús a Moria, uno de los principales centros de registro y recepción de refugiados en la isla.

Huda era el último eslabón en esta cadena de identificación. Ella se encargaba de recibirles en la puerta, desde donde eran trasladados a las instalaciones en régimen cerrado bajo control de las autoridades griegas.

La instalación para menores de Moria realmente parece un centro de detención, con altas vallas de alambre y ventanas con rejas. Huda les visitaba varias veces a lo largo del día, conversaba y bromeaba con los niños y niñas hasta que conseguía que sonrieran y rieran. Su simple presencia les tranquilizaba, a pesar de las condiciones.

En Moria, los niños y niñas reciben comida, atención médica, asistencia psicológica y asesoramiento legal de parte de un conjunto de ONGs socias de ACNUR, incluyendo a , METAction, Save the Children y Médicos del Mundo.

Huda entrevistaba a los niños y niñas para determinar sus necesidades individuales de protección y les ayudaba a decidir qué hacer a continuación, asegurándose de que entendían correctamente las implicaciones de sus elecciones. Algunos se quedarán en Grecia y solicitarán asilo allí. Otros son reunificados con sus familias en algún otro lugar de Europa a través de canales oficiales.

Un día de noviembre, Huda miraba su aplicación de WhatsApp en su teléfono móvil. Había recibido muchos mensajes y fotos de niños y niñas que habían llegado a través de Lesbos y contactaban con ella a lo largo de su ruta hacia el norte de Europa, un viaje que ella les aconsejó no realizar.
Un niño en concreto, de 13 años llamado Abdul-Kafi, de Alepo, Siria, le enviaba grabaciones de voz cada día.

“Cuando abandonó [el centro de Moria] me dijo ' Por favor, considérame como tu hijo'” contaba Huda mientras reproducía alguna de sus grabaciones de voz. “Cuando llegó a Atenas, me llamó a través de WhatsApp y me dijo ' Hola tía, estoy bien'. Ahora está en un campamento en Alemania”.

Muchos niños y niñas sufren traumas después de ser testigos de todos los enfrentamientos y la violencia que existe en sus países de origen, como Siria, Irak, Afganistán, y otros lugares. Pero el viaje a Europa también es aterrador. Por ejemplo, el cruce del mar Egeo hasta Lesbos se convierte para muchos refugiados en su primera vez a bordo de un barco, y puede ser especialmente angustioso para los menores que viajan sin sus padres y sin nadie que les cuide.

Los niños y niñas especialmente pequeños o vulnerables son trasferidos a un apartamento especial gestionado por PRAKSIS en Mitilene, la principal ciudad de la isla, hasta que se considera que están lo suficientemente estables como para continuar su viaje a Atenas.

“Algunos de ellos llevaban solos entre una y tres semanas”, explicaba Huda. “Llegaban con hambre, agotados y asustados. Se encontraban con la policía y pensaban que serían enviados de vuelta a Turquía. Existía además la barrera del lenguaje, por lo que cuando conocían a alguien que hablaba árabe podía ver en sus ojos cómo pensaban, 'al fin, alguien que me entiende'”.

A veces Huda fue testigo de impresionantes mejorías en apenas un día. Para algunos, una comida caliente, un cambio de ropa y una noche completa de sueño hacía maravillas. Sin embargo, otros niños y niñas necesitaban más tiempo para superar sus miedos, o simplemente querían regresar a casa con sus familias.

Huda dedicaba tiempo extra a estos niños y niñas. “Se parecía mucho a ser una madre”, explicaba. Ella tenía sus propios hijos en Jordania – una hija y dos hijos.

“Les decía ‘'Toda tu vida está a punto de cambiar’'”, contaba. “Necesitas ser cauteloso, organizado y pensar bien qué vas a hacer con tu futuro'”.

Por Tania Karas en Lesbos, Grecia



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