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Noticias Historias con rostro Gracias a sus tatuajes logra escapar de la violencia en la RDC

Gracias a sus tatuajes logra escapar de la violencia en la RDC Imprimir


La refugiada Elena Kita huyó de la violencia de las milicias en la República Democrática del Congo para buscar seguridad en Angola junto a otros miembros de su familia (© ACNUR /UNHCR/ Pumla Rulashe)
La refugiada Elena Kita huyó de la violencia de las milicias en la República Democrática del Congo para buscar seguridad en Angola junto a otros miembros de su familia (© ACNUR /UNHCR/ Pumla Rulashe)
Los tatuajes tribales ayudaron a una mujer a escapar de los ataques de las milicias en la provincia congoleña de Kasai, que han forzado a alrededor de 20.000 personas a buscar refugio en Angola, el país vecino

DUNDO, Angola, 5 de mayo de 2017 (ACNUR/UNHCR) – Las nubes de humo flotaban por encima de la aldea en llamas mientras los miembros de las milicias avanzaban por los campos en busca de residentes para masacrarlos.Mientras huía con su familia siguiendo diferentes direcciones, Elena Kita sintió como dos fuertes manos la agarraban por la espalda. El hombre que la atrapó sacó un machete y Elena le suplicó que le perdonara la vida.

Fue entonces cuando algo sorprendente pasó”, recordó Elena. “Me susurró que lo escuchara. Me reconoció por unas marcas tradicionales que tengo en mi cuerpo, y supo que yo pertenecía a la tribu Chokwe, de la cual él también era parte”. El hombre golpeó sus pies con el mango del machete, y le dijo a Elena hacia qué parte del bosque tenía que correr para huir y evitar las milicias.

“Después de que me dejara escapar, corrí en la dirección que él me indicó. ¡No podía creer que me dejara ir!”


Elena terminó encontrando a algunos miembros de su familia en el bosque y ahora forma parte de los miles de hombres, mujeres y niños que han huido de la violencia en la República Democrática del Congo, RDC, para buscar refugio en el país vecino, Angola.“Después de que me dejara escapar, corrí en la dirección que él me indicó. ¡No podía creer que me dejara ir!

El conflicto en la provincia de Kasai, en la RDC, se inició con el violento levantamiento de la milicia de Kamwina Nsapu en agosto de 2016 y ha desencadenado el desplazamiento de más de un millón de personas en el país, destruyendo sus medios de vida. A finales del mes pasado, más de 20.000 personas habían buscado protección en Angola, en la provincia de Lunda Norte.

Elena, que llegó a Angola la semana pasada, es una de los 5.000 refugiados recién llegados que actualmente están viviendo en Cacanda, un centro de recepción temporal que el Gobierno de Angola dispuso para quienes huyen de la escalada de violencia.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha enviado un equipo de emergencia desde la oficina regional para el Sur de África y desde su sede en Ginebra. El equipo está trabajando en estrecha colaboración con el Ministerio de Asistencia Social de Angola y otras agencias humanitarias para identificar las principales necesidades de los refugiados y brindarles asistencia.

Celeste Kasenga sostiene a su hijo mientras recuerda el horrible viaje que emprendió para huir de las milicias de Kamwina Nsapu en la provincia de Kasai, en la República Democrática del Congo. (© ACNUR / UNHCR/Pumla Rulashe
Celeste Kasenga sostiene a su hijo mientras recuerda el horrible viaje que emprendió para huir de las milicias de Kamwina Nsapu en la provincia de Kasai, en la República Democrática del Congo. (© ACNUR / UNHCR/Pumla Rulashe

Existen numerosos testimonios como el de Elena, que dan cuenta de ejecuciones sumarias y actos de violencia contra personas sospechosas de apoyar al Gobierno o a las milicias. Preocupado por el clima de violencia persistente, ACNUR está coordinando una respuesta conjunta con el Gobierno y las organizaciones humanitarias para proteger y asistir a los refugiados, a la espera de que se logre alcanzar una solución a largo plazo.

A la cabeza de las prioridades se encuentra la identificación y creación de un emplazamiento en el que poder reubicar a los recién llegados. “El Gobierno ha identificado tres ubicaciones que están a casi 100 kilómetros de la frontera con la RDC”, dijo Asis Das, responsable del equipo de respuesta de emergencia de ACNUR. “Estamos inspeccionando los potenciales emplazamientos con el Gobierno y después iniciaremos los trabajos para hacerlos habitables lo más rápido posible”.

ACNUR ya ha empezado a registrar a los refugiados que actualmente viven en dos de los centros de recepción en Dundo. “Esto es importante, ya que nos permite recopilar información fiable sobre el origen de los refugiados e identificar a personas vulnerables y con necesidades especiales”, explicó Asis Das. “El proceso reforzará la distribución de la asistencia humanitaria”.“En momentos como este, la unidad hace la fuerza y eso es lo que necesitan las familias para recuperarse del trauma y el estrés por el que acabamos de pasar”.

El registro terminará con la distribución de alimentos y artículos no alimentarios, los cuales son realmente necesarios. A medida que aumenta el número de refugiados, superando la cifra inicialmente prevista de 5.000 personas, ACNUR trabaja en estrecha colaboración con el Programa Mundial de Alimentos para continuar proporcionando comida a quienes llegan. Otras organizaciones humanitarias como UNICEF y Médicos sin Fronteras siguen proporcionando agua, saneamiento y atención médica.

Una vez hayamos logrado estabilizar a la población cubriendo sus necesidades más básicas, especialmente en los centros de recepción, donde los refugiados usualmente llegan exhaustos, desnutridos y enfermos, podremos abordar los problemas relacionados con la violencia sexual y de género, la protección de los menores y algunas de las preocupaciones psicosociales que se producen debido a un trauma”, añadió Asis Das. Mientras se adapta a sus nuevas circunstancias, Elena continúa sufriendo, tanto desde el punto de vista físico como emocional, aunque ya puede sonreír. Está agradecida al miembro de la milicia que la golpeó para descartar toda sospecha en cuanto a su manera de tratarla.

Aunque me golpeó, siempre le estaré agradecida por no matarme y permitirme reencontrarme con mi familia. Eso es lo que me devuelve la sonrisa, a pesar del dolor de mis pies”, cuenta. Por otro lado, su cuñado, Celeste Kasenga, está simplemente aliviado de que esté viva. “Si no hubiera logrado escapar, su familia nos hubiera acusado de no haberla sabido proteger”, dijo él.

Eso hubiera destruido la relación entre ambas familias. En momentos como este, la unidad hace la fuerza y eso es lo que necesitan las familias para recuperarse del trauma y el estrés por el que acabamos de pasar”.





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