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Noticias Historias con rostro Un programa alemán facilita que los maestros refugiados vuelvan a clase

Un programa alemán facilita que los maestros refugiados vuelvan a clase Imprimir

 La profesora adjunta siria Alaa Kassab ayuda en una clase de estudios sociales en la escuela primaria de Meusebach-Grundschule Geltow. © UNHCR/Gordon Welters
La profesora adjunta siria Alaa Kassab ayuda en una clase de estudios sociales en la escuela primaria de Meusebach-Grundschule Geltow. © UNHCR/Gordon Welters

POTSDAM, Alemania, 21 de febrero 2018 (ACNUR/UNHCR). - Alaa Kassab, profesora de inglés, piensa que su educación le salvó la vida. Tras llegar a Alemania como refugiada de Siria, estaba ansiosa por volver a clases para transmitir sus habilidades lingüísticas a las futuras generaciones. Gracias a un programa piloto para preparar a los profesores recién llegados de cara a conseguir trabajo en las escuelas alemanas, Alaa está de nuevo dando clases.

El Programa de Maestros Refugiados, con sede en la Universidad de Potsdam, se ha diseñado para ayudar a los recién llegados a conocer las bases del sistema educativo alemán y permitir que vuelvan a incorporarse a la enseñanza en solo 18 meses.

“Enseñar inglés es lo que más me gusta”, narró Alaa, de 25 años, que trabaja a tiempo completo como maestra asistente en una escuela primaria alemana. “Estoy orgullosa cuando veo que mis alumnos hablan o entienden inglés gracias a mí. Sé que algún día el idioma influirá sus vidas, como me sucedió a mí. Sin el inglés, no creo que hubiera dejado Siria, y ahora podría estar muerta.”

Antes del conflicto en Siria, Alaa enseñaba en una escuela primaria bilingüe, en su ciudad natal, Alepo. Dice que su capacidad para hablar inglés le dio fuerzas para escapar de la creciente violencia y buscar refugio en Europa. Si se hubiera quedado, teme que podría haber sido víctima de la guerra, en la que murieron muchos de sus vecinos.

Sus habilidades lingüísticas pudieron ser también las que la salvaron durante el mortífero cruce marítimo a Grecia con un contrabandista. El motor de la embarcación fallaba una y otra vez, pero Alaa pudo hablar en inglés por teléfono con los voluntarios que finalmente les guiaron hacia la seguridad.

Recorrió Europa y llegó a Potsdam, al sudoeste de Berlín, la capital alemana. Habiendo sobrevivido al viaje en parte gracias a sus habilidades lingüísticas, Alaa estaba más deseosa que nunca por continuar enseñando inglés a una nueva generación de alumnos. Sin embargo, sus esperanzas iniciales de trabajar se desvanecieron cuando descubrió que el sistema escolar alemán era inaccesible para profesores extranjeros.

“Cuando llegué a Alemania, era optimista”, explica, “sabía que quería volver a la docencia, pero no tenía idea de cómo hacerlo. No era solo que no hablara alemán, sino que no entendía completamente el sistema educativo. Pero luego me di cuenta de que aquí las cosas van a otro ritmo. Fue un shock. A veces puede hacer que te sientas frustrado y te enfades.”

La profesora de arte Mais Saifo, de Siria (centro) asiste a una clase durante el Programa de Profesores Refugiados en la Universidad de Potsdam. © UNHCR/Gordon Welters
La profesora de arte Mais Saifo, de Siria (centro) asiste a una clase durante el Programa de Profesores Refugiados en la Universidad de Potsdam. © UNHCR/Gordon Welters
Alaa descubrió que en Alemania se forman durante un mínimo de siete años y que deben poder enseñar dos materias, en lugar de solo una como en Siria. Para continuar enseñando, Alaa tenía que volver a formarse como profesora desde cero, y antes tendría que dominar el alemán.

Gracias a un programa de formación acelerado, Alaa y sus compañeros aprendieron a a hablar alemán con fluidez en menos de dos años. En cuestión de meses, participaban en seminarios académicos para docentes en prácticas, donde aprendían métodos para dar clase. Sin embargo, para ella, lo más útil resultó ser observar a un profesor de secundaria dando clase, para poder experimentar de primera mano las diferencias entre los sistemas sirio y alemán.

El grupo de Alaa, de alrededor de 30 personas, se graduó en otoño pasado y sus miembros se incorporaron al nuevo curso escolar como profesores de apoyo. Aún deben completar su formación, no obstante, para convertirse en maestros completamente cualificados para dar clase en el sistema educativo alemán.

Es una perspectiva que intimida. Algunos, como Alaa, planean volver a la universidad en un futuro. Otros se contentan con haber encontrado una manera de regresar a las aulas y al trabajo. “Yo ya estudié, ahora quiero trabajar", afirmó Motaz Jarkas, de 34 años, otro profesor de inglés de Alepo, parte de un grupo que se graduará en primavera del Programa de Maestros Refugiados.

“En este momento, para nosotros, trabajar equivale a seguridad. Hemos dado lo mejor de nosotros mismos, hemos aprendido mucho, pero no ha sido fácil. Necesitamos estabilidad y un futuro. Es por ello que este programa es tan importante para nosotros”.

“Trabajar es vital para nosotros”, coincidió su compañero de clase, Mais Saifo, de 29 años, profesor de arte, natural de la ciudad siria de Hama. “El primer obstáculo que tenemos es el lenguaje. Ahora estamos empezando a integrarnos y estamos mucho más motivados porque vemos que el objetivo está a nuestro alcance. Pero hay mucho que aprender, la enseñanza es muy diferente aquí en Alemania”.

El empleo es una parte clave del proceso de integración y los beneficios van más allá del autosustento, afirmó Dominik Bartsch, Representante de ACNUR en Alemania.

Alaa trabaja como profesora adjunta en la escuela primaria de Meusebach-Grundschule Geltow en Alemania. © UNHCR/Gordon Welters
Alaa trabaja como profesora adjunta en la escuela primaria de Meusebach-Grundschule Geltow en Alemania. © UNHCR/Gordon Welters
“Los refugiados quieren poder valerse por sí mismos de nuevo. Tienen habilidades y talentos, y están entusiasmados por la oportunidad de aplicarlos”.

“Quizás lo más importante es que el empleo profundiza las relaciones sociales de los refugiados con la sociedad de acogida”, agregó.

El Programa de Maestros Refugiados de Potsdam, un piloto experimental que cuenta con fondos limitados, ha dejado de inscribir a nuevos candidatos: el último se graduará en marzo de 2019. Sus organizadores esperan que el ejemplo se reproduzca en otras universidades, como forma de poner buen uso a las habilidades de los numerosos maestros que hay entre los recién llegados a Alemania. Para los más afortunados, como Alaa, continuar su carrera profesional puede significar algo más que la independencia financiera.

“Estar en un entorno de trabajo alemán me ha ayudado a integrarme de muchas maneras”, dijo. “Es genial poder hacerlo tan rápido. El programa me dio la oportunidad de comenzar una nueva vida en Alemania. Ahora tengo un futuro aquí”.


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