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Noticias Historias con rostro Un innovador proyecto de alojamiento acerca a jóvenes holandeses y refugiados

Un innovador proyecto de alojamiento acerca a jóvenes holandeses y refugiados Imprimir

Adrian Laidley, refugiado jamaicano de 23 años, ha conocido a Amber Borra, una estudiante de psicología de 26 que le está enseñando neerlandés. © ACNUR/UNHCR/Chris de Bode
Adrian Laidley, refugiado jamaicano de 23 años, ha conocido a Amber Borra, una estudiante de psicología de 26 que le está enseñando neerlandés. © ACNUR/UNHCR/Chris de Bode
Startblok brinda a las personas refugiadas la oportunidad de conocer a gente de todas parte del mundo y de sentirse como en casa.

ÁMSTERDAM, Países Bajos, 26 de marzo de 2018 (UNHCR/ACNUR). – Adrian Laidley creció temiendo permanentemente por su vida en Jamaica. Se vio obligado a ocultar su homosexualidad para protegerse de la violencia. Ahora, como refugiado en los Países Bajos, se siente seguro. Adrian ha descubierto la libertad gracias a un innovador proyecto de alojamiento para jóvenes holandeses y refugiados.

"Tenía miedo de que me dieran una paliza, de que me golpearan hasta matarme, así que tuve que esconderme", cuenta Adrian, de 23 años, que huyó de su casa en Kingston, la capital jamaicana, en 2015. "Cada día me sentía menos seguro en mi comunidad".

Las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) se enfrentan diariamente a la discriminación en Jamaica, pudiendo incluso ser objeto de sanciones penales. Aterrado ante la posibilidad de ser repudiado por su propia familia, Adrian escondió su orientación sexual tanto tiempo como pudo. Pero esconderse para siempre no era una opción.

"Si vienes de una comunidad donde ser gay no está aceptado, en algún momento tienes que marcharte, y normalmente acabas en la calle", explica Adrian. "Tenía miedo de eso. Veía que ese momento se avecinaba".

Adrian buscó en secreto el apoyo de una ONG que trabaja con jóvenes LGBTI y se apuntó a un programa que ayuda a aquellos en peligro a salir del país. A principios de 2015, Adrian se inscribió en una lista de espera de personas que esperan encontrar seguridad en Europa.

"Tomé la decisión de irme sin consultar a nadie, no podía comentarlo", cuenta Adrian. "Tenía mucha ansiedad, estaba listo para irme en cualquier momento. Estaba muy nervioso, no podía hacer ningún plan de futuro".

Mientras que esperaba a su turno para irse, Adrian se preparaba para su nueva vida estudiando neerlandés y descubriendo la historia y cultura de los Países Bajos. Sabía que haría más frío, que la comida y las playas serían diferentes. Y también tenía una vaga idea de que sería libre para vivir y amar de la manera que él quisiera.

"Sabía que podría empezar mi propia vida, seguir mi propio camino", afirma Adrian. "Pero no sabía lo que supondría exactamente. Fue una experiencia totalmente nueva para mí".

Finalmente, llegó la llamada. Con solo cinco días para prepararse, Adrian contó a su familia y amigos que había conseguido una beca para estudiar en los Países Bajos. En pocos días, Adrian ya estaba sentado frente a los oficiales de inmigración en el aeropuerto de Ámsterdam. Cuando les contó porqué estaba allí, le contestaron que no tenía que preocuparse más, que ya podría ser él mismo.

"Me dijeron: está bien, ya has llegado", cuenta. "Puedes ser tú mismo. Me sentí libre y supe que no tenía que esconderme más, que no iba a seguir siendo perseguido."

“Si me hubiera quedado en Jamaica, probablemente estaría muerto.”

Amber Borra, holandesa, se instaló en un apartamento compartido en Startblok escapando de las residencias de estudiantes masificadas. Allí conoció a Adrian, un refugiado jamaicano. © ACNUR/UNHCR/Chris de Bode
Amber Borra, holandesa, se instaló en un apartamento compartido en Startblok escapando de las residencias de estudiantes masificadas. Allí conoció a Adrian, un refugiado jamaicano. © ACNUR/UNHCR/Chris de Bode
Semanas más tarde, un conocido reveló la verdad de Adrian a su familia y amigos en Jamaica. Sus dos hermanos y la mayoría de sus amigos le repudiaron, y su madre y su hermana le advirtieron de que no volviera a casa.

"Me sentí totalmente rechazado", afirma Adrian. "No tenía amigos, ni ninguna red de apoyo. Era abrumador estar en este enorme lugar vacío, sin nadie. Pero era afortunado de haber llegado hasta aquí. Si me hubiera quedado en Jamaica, probablemente estaría muerto".

Cuando a Adrian le concedieron asilo, se trasladó de su piso de solicitantes de asilo a un piso compartido en Ámsterdam. Y entonces tuvo un golpe de suerte: le concedieron un estudio-apartamento en Startblok, un nuevo proyecto municipal de alojamientos a las afueras de la ciudad.

El concepto era revolucionario: nueve bloques de contenedores de transporte situados en un terreno antes dedicado a las actividades deportivas fueron transformados en alojamientos asequibles para 565 residentes; la mitad de ellos refugiados y la otra mitad jóvenes holandeses.

Adrian se trasladó nada más comenzar el proyecto, en el verano de 2016. Su nuevo apartamento daba a un pasillo que compartía con otros 26 vecinos, la mitad locales y la otra mitad refugiados de países como Siria y Afganistán. De pronto, Adrian se dio cuenta de que ya no estaba solo.

"Antes solo convivía con otros refugiados, no conocía a mis vecinos"

"Antes solo convivía con otros refugiados, no conocía a mis vecinos", afirma Adrian. "Vivir aquí supone una gran diferencia, todo el mundo se convierte en tu amigo".

Gracias a los eventos, clases y quedadas organizadas en el club social de Starblok, Adrian tuvo pronto un grupo de amigos de todas partes del mundo.

"Adrian y yo nos dimos cuenta nada más conocernos de que teníamos el mismo sentido del humor", afirma Amber Borra, una residente holandesa que se mudó a uno de los apartamentos compartidos de Starblok escapando de las residencias de estudiantes masificadas. Le fascinó encontrar un ambiente tan relajado.

"Conoces a gente con tanta facilidad", explica Amber, de 26 años. "Me interesaba vivir con recién llegados por todas las cosas que oyes en las noticias. Pensaba que las personas no estaban recibiendo un trato justo así que quise experimentarlo por mí misma".

En los 18 meses que han transcurrido desde que se conocieron, Amber ha ayudado a Adrian a aprender neerlandés y a adaptarse a su nueva vida en los Países Bajos. Pero para Adrian, vivir en Startblok supone mucho más que integrarse, hacer amigos y construir relaciones. Es su oportunidad para vivir por fin libremente, sin ningún miedo.

"He aprendido que aquí, en los Países Bajos, la gente es abierta y espera que tú también lo seas", afirma Adrian. "Fue genial escuchar eso. Todo el mundo es abierto y amable. Nos entendemos mutuamente y sabemos las diferentes razones por las que cada uno está aquí."

Ahora, Adrian estudia y trabaja a tiempo parcial en Startblok, haciendo de guía para los visitantes llegados de todo el mundo. No se plantea mudarse.

"No quiero perder todos los amigos que tengo aquí", afirma Adrian, que quiere solicitar la nacionalidad holandesa dentro de unos años. "Me he acostumbrado a esta vida, a ver convivir con normalidad a refugiados y holandeses. Es un verdadero alivio estar aquí. Intento sacar lo mejor de esta experiencia."

Por Josie Le Blond.


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