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Pareja de enamorados de la India encuentra su refugio en México Imprimir
Jueves, 19 de Enero de 2012 00:00

© ACNUR/ M.Echandi. Lucky pudo reunirse con su esposa y su hijo Shubi, nacido hacía casi un año y a quien no conocía, a través del programa de reunificación familiar de ACNUR.
© ACNUR/ M.Echandi. Lucky pudo reunirse con su esposa y su hijo Shubi, nacido hacía casi un año y a quien no conocía, a través del programa de reunificación familiar de ACNUR.
CIUDAD DE MÉXICO, 19 de enero (ACNUR/UNHCR) - “Ella estaba comprometida con alguien más. En nuestra cultura, si quieres casarte con alguien, no depende de ti, sino de tus padres”, recuerda Lucky* refugiado indio en México.

Lucky conoció a Mona* en un festival de su pueblo. “Le di mi número de móvil y mi correo electrónico. Después de varios días ella me llamó y me dijo que su padre había elegido un chico para ella y que debía casarse con él, aunque a ella no le gustara él, sino yo”.

Mantuvieron el contacto por teléfono y por internet. Lucky le dijo que quería casarse con ella y le animó a preguntarle a su padre si podría cambiar de opinión y permitir que se casaran. El padre de Mona se negó y la golpeó fuertemente. Fue entonces cuando Mona reunió el valor para escapar de su casa con Lucky. Viajaron a otra ciudad donde contrajeron matrimonio.

Mientras se encontraban allí, los padres de Mona fueron a la casa de Lucky, golpearon a su madre y amenazaron con matar a la pareja que con la que acababa de casarse. “Mi padre me dijo ‘no regreséis, porque si os encuentran, os matarán. Por favor no regreséis’”, recuerda Lucky.

Decidieron quedarse en la ciudad por un tiempo. Al cabo de tres meses, ella estaba embarazada. Ahora también temían por la vida del bebé que esperaban. Decidieron que saldrían de La India, pues no se sentían a salvo allí. Mona tenía una visa para ir a Australia como estudiante y aprovecharon la oportunidad para que ella escapara. Él no tenía dinero, así que vendió su propiedad para tener solvencia y costearle el billete de avión.

Lucky se quedó e incluso tuvo que regresar a su pueblo a visitar a su madre, pues se encontraba hospitalizada debido a una afección cardiaca. En dos ocasiones, Lucky fue agredido y golpeado por la familia de Mona en la calle. A pesar de haber denunciado estos hechos, la policía nunca hizo nada contra sus agresores. “Su padre es muy rico, está en la política y tiene muy buenas relaciones con la policía. De donde yo vengo sólo hay justicia para la gente que tiene dinero”, comenta Lucky.

Ante esta situación, su padre lo apremió para que él también se fuera del país. Salió de La India por una ruta más azarosa. Voló hacia Dubai, de allí a Sao Paulo en Brasil, luego hacia Lima, de Perú viajó hacia El Salvador, luego a Nicaragua hasta llegar a Guatemala.

En Guatemala, conoció a un indio que ofreció conseguirle una visa para ir hacia Estados Unidos. Le pidió 1.000 dólares, su pasaporte y su billete de avión. Nunca más supo de él. Estuvo viviendo en las calles de Guatemala por una semana hasta que encontró a otros indios que intentarían llegar hacia Estados Unidos cruzando México. Se les unió en el trayecto. En el estado de Tabasco, al sur de México, fue interceptado por las autoridades migratorias mexicanas y trasladado al centro de detención migratoria (estación migratoria) en Acayucan, Veracruz. Allí solicitó la condición de refugiado.

Estar en detención fue una experiencia muy dura para Lucky. “Estuve allí tres meses. Fue terrible”, recuerda. Finalmente fue reconocido como refugiado por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).

De Veracruz viajó a la Ciudad de México, donde los funcionarios de la COMAR lo pusieron en contacto con Sin Fronteras, la agencia socia encargada de ejecutar los programas de asistencia de ACNUR en México.

Comenzar de nuevo en un país tan distinto al suyo no ha sido tarea fácil. Conseguir un trabajo, aprender el idioma, vivir tan lejos separado de su familia. Sin embargo, su sacrificio y larga espera han tenido su recompensa. Tras varios largos meses, finalmente Lucky pudo reunirse con su esposa y su hijo Shubi, nacido hacía casi un año y a quien no conocía, a través del programa de reunificación familiar de ACNUR.

La reunificación familiar se basa en el principio de unidad de la familia, un derecho de las personas refugiadas y forma parte de las acciones de ACNUR para promover una solución duradera para la situación de los refugiados. La Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria de México reconoce este derecho.

“Agradezco mucho a México, al ACNUR, a COMAR, a Sin Fronteras por todo el apoyo que recibí para poder traer a mi familia. Quiero vivir mi vida en México y estoy feliz de que ellos estén aquí conmigo”, dijo Lucky mientras cargaba en sus brazos a su pequeño hijo.

* Los nombres han sido cambiados.

Por Mariana Echandi, en México.


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