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Noticias Notas de Prensa 60.000 congoleños en campos improvisados para desplazados en Kivu Norte esperan un futuro mejor

60.000 congoleños en campos improvisados para desplazados en Kivu Norte esperan un futuro mejor Imprimir

© ACNUR/G.Ramazani. La preocupación de Josephine se refleja en su rostro. Vive en el asentamiento improvisado de Kanyaruchinya y agradece a Dios que ella y sus siete hijos sobrevivieran a los últimos combates en el este del Congo.
© ACNUR/G.Ramazani. La preocupación de Josephine se refleja en su rostro. Vive en el asentamiento improvisado de Kanyaruchinya y agradece a Dios que ella y sus siete hijos sobrevivieran a los últimos combates en el este del Congo.
KANYARUCHINYA, República Democrática del Congo, 8 de octubre (ACNUR/UNHCR) - A Josephine, viuda congoleña, todavía le cuesta creer que ella y sus siete hijos lograran sobrevivir a los combates que han obligado a centenares de personas a huir de sus hogares en la provincia de Kivu Norte desde abril.
Aunque da gracias a Dios, ella siente que está viviendo ahora en una especie de purgatorio en un gran campo para desplazados internos y bajo duras condiciones. Este campo surgió espontáneamente y ha ido creciendo desde julio tanto dentro como por los alrededores del pueblo  de Kanyaruchinya, a 10 kilómetros al norte de Goma, capital de la provincia.

“Ya no vivimos. Solamente tratamos de sobrevivir esperando un mañana mejor” dice Josephine al equipo de ACNUR en Kanyaruchinya, un asentamiento que tiene una población de unas 60.000 personas y que carece de suficientes refugios, alimentos, agua y otros servicios básicos. Aún así, ella se niega a trasladarse a otros campos para desplazados internos ya establecidos. Muchas de estas personas desplazadas están viviendo en refugios improvisados en las aceras de la calle que cruza la aldea y otras duermen por la noche en la escuela del pueblo.

Es el mayor de los muchos asentamientos espontáneos que han levantado los civiles que huyen de los enfrentamientos que están teniendo lugar entre las tropas del gobierno y el grupo amotinado M23 así como de la violencia generalizada y las violaciones de derechos humanos que ya han dejado a más de 390.000 personas desplazadas en el este de la República Democrática del Congo, entre ellas a 220.000 en Kivu Norte. Unas 60.000 personas han buscado refugio en Uganda y Ruanda.

ACNUR, las autoridades locales y otros socios han animado a los habitantes de Nanyaruchinya a trasladarse a campos para desplazados internos en zonas relativamente más seguras, como Mugunga III, a unos 20 kilómetros al oeste, donde las familias reciben alimentos con regularidad y tienen acceso a servicios básicos mientras esperan para regresar a sus casas.

“Estamos preocupados por la seguridad porque está muy próximo a los combates y también por la dificultad a la hora de proporcionar suficiente agua potable” afirma Etien Lazare, responsable de la oficina de ACNUR en Goma. Pero a pesar de las preocupaciones, ACNUR y sus socios están buscando formas de apoyar a los desplazados internos en Kanyaruchinya, para lo cual han organizado recientemente una misión al asentamiento con el fin de evaluar las necesidades allí.

La mayoría de los desplazados de Kanyaruchinya no quieren trasladarse porque dicen que están más cerca de sus casas. Muchos de ellos han sido desplazados en varias ocasiones y esto ya se ha convertido casi en un modo de vida; están a la espera de regresar a sus hogares, preferiblemente desde un lugar cercano.

Josephine y su familia, por ejemplo, vienen de la ciudad de Kibumba, a 30 kilómetros al norte de Goma, en la zona de Rutshuru, donde han tenido lugar muchos enfrentamientos desde abril y donde el personal de ACNUR sigue teniendo dificultades para acceder a los asentamientos de desplazados. Pero ella confía en regresar y aferrándose a los recuerdos de una vida pasada más feliz en su humilde hogar a pesar del trauma de la huida.

En julio los soldados del M23 obligaron a las tropas del gobierno a retroceder más allá de Rutshuru y avanzaron hacia Goma, tomando Kibumba de camino para retirarse poco después. “Huimos para salvar nuestras vidas” dice Josephine. “Había combates por todos lados y estábamos desperdigados” añade sacudiendo la cabeza.

Aunque Josephine y sus niños están ahora relativamente a salvo, siguen necesitando ayuda desesperadamente. Por eso, anticipándose a las necesidades que tendrán de aquí a finales de año, ACNUR lanzó el mes pasado un llamamiento solicitando 7,4 millones de dólares adicionales para sus operaciones de emergencia en RDC, con las que llevará asistencia a 400.000 desplazados internos en el este del país.

“Ha pasado un mes y medio desde que llegamos a Kanyaruchinya y estamos sufriendo. Nos falta agua y tenemos hambre” dice Josephine mientras muestra al ACNUR el refugio en el que vive con sus hijos, una estrecha vivienda hecha de madera y lonas de plástico. “Dormimos todos juntos (en dos metros cuadrados de espacio). Por la noche hace mucho frío pero no tenemos otra opción más que dormir en el suelo, es muy difícil” dice Josephine con la voz quebrada.

El llamamiento de financiación de ACNUR incluye refugio de emergencia para 40.000 familias en las provincias de Kivu Norte y Orientale, así como materiales domésticos básicos para 15.000 familias.
A comienzos de año Josephine era feliz y se sentía plena. “En casa cultivábamos verduras, judías, patatas y boniatos y comíamos cuando teníamos hambre. Pero aquí sólo comemos estas galletas* y estamos hacinados en este pequeño espacio” se queja.

Pero en lugar de andar por ahí y esperar a que llegue ayuda, esta resolutiva madre viuda está tratando de hacer algo para alimentar a su familia. “Tenemos que sobrevivir de algún modo y hago trabajos domésticos para algunos locales y recojo leña para venderla”.

Viviane, de 56 años, también huyó a Kanyaruchinya desde su hogar, cerca de Kibumba, y también se niega a ser trasladada a Mugunga porque aquí está más cerca de su casa. Ella y sus tres hijos han estado durmiendo en la escuela de primaria de Kanyaruchinya, saliendo de las aulas durante el día para que los niños de la zona pudieran ir a la escuela.

Josephine comparte el sueño de Viviane de regresar a casa pero mientras la inseguridad y la violencia continúen, seguirán necesitando ayuda. El apoyo internacional sigue siendo crucial mientras se busca una solución política al conflicto.

Por Simplice Kpandji en Kanyaruchinya, República Democrática del Congo

* Galletas energéticas distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos.


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