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Noticias Notas de Prensa Muchos enfermos y heridos sirios buscan asistencia fuera del país

Muchos enfermos y heridos sirios buscan asistencia fuera del país Imprimir

 

© ACNUR/G.Beals. Un médico cura los puntos de una anciana herida cuando cruzaba la frontera entre Siria y Jordania.
© ACNUR/G.Beals. Un médico cura los puntos de una anciana herida cuando cruzaba la frontera entre Siria y Jordania.
CAMPO DE ZA’ATRI, Jordania,  21 de febrero de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Mustapha* está sentado en una colchoneta fabricada con foam tratando de aguantar el dolor, dentro del hospital de campaña, que es una tienda de color verde. Las quemaduras han encogido la piel de sus piernas, dejándoselas dobladas en un ángulo de 45 grados. Los médicos marroquíes de este hospital del campo de Za’atri han logrado mantener su cuerpo limpio de infecciones. Pronto será trasladado a otra instalación donde se llevará a cabo una cirugía plástica con la que espera poder caminar de nuevo.

Este refugiado sirio de 41 años y ojos color avellana relata cómo su casa en Daraa fue incendiada una noche durante el conflicto. Recuerda la explosión ensordecedora que sacudió su casa. Las paredes de su salón se tambalearon bajo una estruendosa llama color naranja. Su moto estalló en llamas. “Mis ropas ardieron y mi cuerpo estaba abrasado” dice. “Me sorprendió que ardiera tan rápido”.

No había un medico disponible en Daraa para curar sus heridas, así que el hijo pequeño de Mustapha reunió a un grupo de hombres del vecindario para ayudarle a trasladarle a la frontera. A las 10 de la mañana del 23 de enero, le pusieron en un coche rumbo a Jordania. Después de tres horas pararon y pusieron a su amigo en unas mantas. Seis hombres lo cargaron a hombros y cruzaron los campos en dirección a la frontera.

Otras personas yacen en este hospital junto a Mustapha. Hay un hombre con un problema de corazón, y otro paciente sufre un colapso en los pulmones. El ala está repleta, e incluso hay una larga cola de personas que llega hasta la puerta del hospital y que esperan para recibir atención médica. Como Mustapha, muchos han cruzado la frontera heridos o enfermos.

El personal del hospital marroquí de Za’atri ha atendido más de 93.000 casos desde que se abrió el campo en julio del año pasado. Y aunque el hospital está completamente equipado con todo lo que se necesita, desde una clínica dental hasta dos salas de cirugía y una de rayos x, el aumento del número de refugiados que huyen a la frontera ha hecho que la instalación esté funcionando horas extra.

Jordania dice que ha recibido a más de 320.000 sirios desde que estalló el conflicto en marzo de 2011. Llegan entre 1.700 y 4.000 personas cada noche. Muchas necesitan tratamiento médico.

Conjuntamente con el gobierno jordano, ACNUR ha trabajado duro para coordinar la respuesta a esta crisis. Está previsto que se abra un centro de coordinación de salud primaria en Za’atri en los próximos días. “Nos estamos asegurando de que todo el mundo trabaja de forma coordinada y aprovechando los recursos disponibles en el campo” dice Ann Burton, responsable de la unidad de salud de ACNUR en Jordania.

Mientras tanto, la Agencia de la ONU para los Refugiados está pidiendo urgentemente a los 10 socios operativos que trabajan en el área de salud que aumenten el número de médicos de medicina general. Los expertos de salud de ACNUR y otros médicos creen que el colapso de los servicios sanitarios en muchas zonas de Siria ha provocado el incremento de casos de refugiados con problemas médicos complejos, lo cual está poniendo al límite los recursos sanitarios disponibles en Jordania.

Hasta ahora, ACNUR y sus socios han evitado enfermedades epidémicas. Todos los niños menores de 15 años reciben vacunas contra el sarampión. Cada recién llegado al campo es sometido a un chequeo para detectar problemas de salud y determinar si necesita ser trasladado a alguno de los servicios disponibles.

Pero aunque los indicadores de salud del campo están por debajo de los umbrales de emergencia, los expertos de ACNUR están particularmente preocupados por los niños. Los recién nacidos son los más vulnerables, apunta Burton. “Vemos el mismo tipo de problemas de salud en los recién nacidos que veríamos en cualquier otro lugar, incluyendo anomalías congénitas, partos prematuros, bajo peso al nacer e infecciones neonatales” dice, añadiendo: “Podemos manejar muchos de estos casos con los servicios del campo, pero para los más complicados tenemos que trasladarlos a los servicios del Ministerio de Sanidad”.

Chris Haskew, compañero de Burton en Ginebra, dice que inevitablemente hay algunas bajas y que, cuando eso ocurre, “ACNUR trabaja con el Ministerio de Sanidad y sus socios para investigar las causas y buscar medidas de prevención”.

Los médicos que trabajan en Za’atri son muy conscientes de las habitualmente violentas circunstancias bajo las cuales los refugiados han huido de Siria. A pesar del gran número de pacientes que tratan, los trabajadores se esfuerzan por escuchar sus historias.

“La mayoría ha perdido a seres queridos y el impacto de esta experiencia es muy importante” dice Bouaiti Elarbi, un médico del hospital marroquí. “Están frustrados, sienten ansiedad. Necesitan que la gente les escuche. Hemos visto que cuando dedicamos más tiempo a los pacientes, su estado de ánimo cambia”.

Mientras tanto, en la sala de partos del hospital, Leila*, de 22 años, acaba de dar a luz a su segundo hijo mediante cesárea. La abuela de la pequeña Nara*, Noor*, sostiene al bebé en brazos y da las gracias porque tanto la madre como la hija están sanas.

La otra hija de Leila, Reena*, padece epilepsia. Su marido, Ali*, huyó de Siria por temor a ser asesinado. La seguridad del bebé también influyó en su decisión de salir del país, ya que la familia estaba preocupada porque el hospital local se viera inmerso en el conflicto en Daraa. Cuando Leila llegó a Jordania, estaba presa de los nervios y los médicos de Za’atri optaron por practicarle una cesárea por su seguridad y la de su bebé.

Los pensamientos que fluyen en la cabeza de Leila se chocan unos con otros. Sonríe de alegría al ver a su hija recién nacida y está agradecida de que, por primera vez en muchos meses, pueda dormir por la noche. Pero el pasado le atormenta. Le impide incluso celebrar el feliz acontecimiento. “Te mentiría y te diría que soy feliz” afirma Leila. “Pero no lo soy. Después de todo lo que hemos pasado, estoy muy triste. ¿Cuál será el futuro de mi hija?”.

* Nombres cambiados por motivos de protección.

Por Greg Beals en el campo de refugiados de Za'atri, Jordania

> Donaciones para la emergencia en Siria: www.eacnur.org

 


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