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ACNUR comienza a reubicar a refugiados sudaneses desde un centro de tránsito propenso a inundaciones Imprimir

© ACNUR/P.Rulashe. Hawa y su hija de nueve años, Asha, esperan pacientemente mientras se desarrolla la reubicación de refugiados desde el centro de tránsito de Jamam, propenso a inundaciones.
© ACNUR/P.Rulashe. Hawa y su hija de nueve años, Asha, esperan pacientemente mientras se desarrolla la reubicación de refugiados desde el centro de tránsito de Jamam, propenso a inundaciones.
MABAN, Sudán del Sur, 7 de mayo de 2013 (ACNUR/UNHCR) – La Agencia de la ONU para los Refugiados ha comenzado esta semana a reubicar a casi 20.000 refugiados sudaneses desde el centro de tránsito de Jamam, ubicado en el estado de Alto Nilo, en Sudán del Sur, propenso a las inundaciones, hasta el nuevo campo de Kaya, en un terreno más elevado.

La operación comenzó el lunes y ACNUR espera finalizar el traslado hasta Kaya, ubicado también en el condado de Maban, en Alto Nilo, antes de que acabe junio y llegue la temporada de lluvias, cuando serán más difíciles los traslados.

“ACNUR, junto con agencias humanitarias socias, trasladará a una media de 450 refugiados cada día, y aquellos que han llegado más recientemente serán los primeros en hacer el viaje” informó ACNUR en un comunicado de prensa, indicando que entre 40 y 50 refugiados han estado llegando al condado de Maban a diario en los últimos cuatro meses.

Los refugiados, en su mayoría mujeres, niños y cada vez más ancianos, han huido del conflicto y la dura vida en el estado sudanés de Nilo Azul, pero es probable que el flujo de llegadas se ralentice cuando lleguen las lluvias.

Unas 300 personas fueron trasladadas el lunes en el primer convoy con destino a Kaya, un lugar mucho más adecuado porque está construido en terreno arenoso que permite el drenaje del agua. Entre la multitud que esperaba para coger los autobuses se encontraba Hawa Aman, una viuda, acompañada de su hija de nueve años, Asha.

Esperaban silenciosas, pero traumatizadas por el recuerdo de un bombardeo aéreo el pasado mes de marzo sobre su aldea, Gisi, su posterior huida y el duro viaje hacia Sudán del Sur. Hawa supo más tarde que dos de sus ocho hijos murieron en el ataque y que otros dos estaban a salvo con unos familiares en otro campo.

“Sólo podia pensar en irme lo más lejos posible de Gisi” recuerda. “Ni siquiera tuve tiempo de coger agua o comida. Simplemente empezamos a caminar”. Pero sus hijos más pequeños pronto empezaron a sufrir y tres de ellos murieron en los bosques.

“Recé a Dios para que me diera fuerza y poder llevar al resto de mis hijos a un lugar seguro, y Él me ayudó” dice Hawa al ACNUR, añadiendo que se dirigieron al personal de ACNUR al poco de cruzar el punto de New Guffa, en Sudán del Sur. Como muchos otros refugiados recién llegados, recibieron agua y alimentos antes de ser trasladados al centro de tránsito de Jamam.

Ahora, Hawa y los tres hijos que sobrevivieron han sido reubicados juntos en su nuevo hogar, en Kaya, el quinto campo de refugiados que abre ACNUR en Maban, donde todas las familias reciben una parcela de tierra donde construir su casa.

Adan Ilmi, coordinador jefe de las operaciones de ACNUR en la zona, dice que los recién llegados al centro de tránsito de Jamam serán trasladados directamente al campo de refugiados de Kaya, “donde reciben asistencia humanitaria que va desde la distribución de alimentos y materiales no perecederos como tiendas, materiales de construcción, bidones, cubos de plástico, mosquiteras, esteras y utensilios de cocina, hasta servicios sanitarios, agua e instalaciones de saneamiento”.

Otra de las ventajas de Kaya es el acceso a la educación para los niños y el entorno, que ofrece suficiente vegetación como para proveer a estos refugiados de sombra y madera para cocinar. Actualmente hay instalaciones de agua y saneamiento en el campo para 6.000 personas, y se trasladará más agua en camiones cisterna mientras se finaliza la ampliación de instalaciones. El campo puede albergar hasta 35.000 personas.

Mientras tanto, Hawa todavía lucha por superar la pérdida de sus hijos y está recibiendo apoyo psicosocial y asesoramiento. A pesar de ello dice que está “eternamente agradecida” al ACNUR por salvar su vida y la de sus otros hijos. “Antes contaba los días que faltaban para que cayera otro de mis hijos y no se volviera a levantar” dice.

ACNUR ha animado a Hawa a interactuar e involucrarse socialmente con otras mujeres en el nuevo campo en la medida de sus posibilidades. “Sé que debo hacerlo porque si no, me voy a volver loca” dice. “Puede que no sea mañana, pero seguro que algún día podré sonreír y disfrutar de nuevo como toda esta gente que me rodea”.

Por Pumla Rulashe en Jamam, Sudán del Sur


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