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Noticias Notas de Prensa Los refugiados sirios navegan con cautela en la jungla urbana de Amán

Los refugiados sirios navegan con cautela en la jungla urbana de Amán Imprimir

© ACNUR/J.Kohler. Abdul ve la televisión con su familia en el apartamento donde viven en Amán. Se ha retrasado con el pago del alquiler y está preocupado por cuánto tiempo le permitirán seguir viviendo aquí.
© ACNUR/J.Kohler. Abdul ve la televisión con su familia en el apartamento donde viven en Amán. Se ha retrasado con el pago del alquiler y está preocupado por cuánto tiempo le permitirán seguir viviendo aquí.
AMÁN, Jordania, 31 de mayo de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Abdul, un refugiado de 37 años de la ciudad de Alepo, al norte de Siria, deambula con desconfianza por las empinadas calles del distrito de Al Ashrafyeh, en Amán.
Este hombre menudo, padre de cuatro hijos, uno de ellos enfermo, tiene cuidado de no pasar demasiado tiempo en la calle. Cuando sale se dice a sí mismo: “No voy a interactuar con nadie en este barrio”. “No voy a hablar nada ni a tratar con nadie”.

Hay una tensión evidente en Al Ashrafyeh, donde muchas familias sirias han llegado en busca de cobijo en los últimos meses. Esta comunidad de refugiados está lejos de ser próspera y hay preocupación por la carga que pueden representar.

“Los alquileres han subido hasta un 100%” dice Mohammed, un electricista de 27 años que ha vivido en este orgulloso barrio toda su vida. “Los propietarios de los edificios perfieren a los sirios porque los pueden utilizar e intimidar. Y cuando se cansan de ellos les pueden decir que se vayan donde quieran”.

El pasado y el presente han dejado a Abdul con el sentimiento de que las barreras se están estrechando en torno a él. No está familiarizado con Jordania y le preocupa cómo llevarse bien con los locales, pero también cómo ganarse la vida. Además de todo esto, uno de sus hijos, Mahdi, es diabético.

La vida de Abdul en la extensa Amán, capital de Jordania, refleja de muchas formas la naturaleza de la crisis de refugiados aquí. Más de 800 días de guerra civil han asfixiado a su población. Cada vez más víctimas de este conflicto, los civiles sirios están abandonando su país a un ritmo de 250.000 personas al mes. Muchos de ellos están llegando a Amán, a Beirut, capital de Líbano, y a otros entornos urbanos donde tratan de ganarse la vida.

El continuo conflicto supone una amenaza para toda la región y ha añadido una gran carga sobre los gobiernos de acogida y sus comunidades, que una vez más han demostrado su generosidad. Los refugiados suponen ya ni más ni menos que el 10% de la población de Jordania. Como Abdul, el 75% de estos refugiados vive fuera de los campos, lo que significa que, invariablemente, su presencia implica una carga para la sociedad en general.

ACNUR está haciendo un gran esfuerzo para ofrecer ayudas económicas a unas 40.000 personas que lo necesitan desesperadamente. Estas familias reciben una media de 125 dólares al mes para ayudarles a cubrir los costes del alquiler y otras necesidades básicas. Si contara con más fondos, la Agencia podría distribuir asistencia a 4.000 familias más en cuestión de días.

Para ACNUR, el caso de Abdul es un ejemplo de la nueva realidad a la que se enfrenta la Agencia de la ONU para los Refugiados por la escasez de fondos. Como consecuencia, la Agencia se está viendo obligada a tomar duras decisiones. “¿Quién es más vulnerable?” pregunta Volver Schimmel, jefe de servicios comunitarios de ACNUR en Amán. “¿Una familia de 10 miembros encabezada por una mujer sola o una familia de cuatro con dos niños discapacitados? Este es el tipo de decisiones que tenemos que tomar ahora”.

Lo que más preocupa a Schimmel es que la toma de estas decisiones pueda convertir en más vulnerables a las familias a las que ACNUR trata de ayudar. Los niños pueden verse obligados a trabajar, las madres podrían verse obligadas a tomar medidas desesperadas, como la prostitución.

Abdul espera recibir ayuda para el alquiler. Hace dos meses que no lo paga y le preocupa que el propietario le eche. “Afortunadamente ACNUR me ayudará” dice.

La capacidad de Abdul para salir adelante se ha venido abajo. Se sienta en una de las cuatro esteras que ACNUR le ha dado y pasa las horas viendo la televisión y fumando cigarrillos, una rutina que le va mermando la confianza en sí mismo y le deja susurrando en voz baja frases sobre su vida en Siria.

Quizás habría otras cosas más productivas que Abdul podría estar haciendo por su familia. Pero su mente vacila entre el pasado y el presente. Llegó a Jordania desde Alepo el uno de enero y en estado de shock por los bombardeos.

Antes de huir fue testigo de cómo su tío explotaba literalmente mientras caminaba por la calle frente a su casa. No sabe qué le mató. “No estaba combatiendo. No luchaba con nadie” dice Abdul suspirando. “Solamente caminaba por la calle, hubo una explosión y murió”.

En noviembre del año pasado él y su familia huyeron de su casa y se fueron a vivir a una escuela local. Él escuchaba a sus hijos llorar con el ruido de las explosiones y de las armas. Cada noche, a medida que la violencia se recrudecía, su llanto se volvía más desesperado e intenso. “Hay una gran diferencia entre estar aquí y en Siria” dice. “Aquí es más seguro. En Siria no estábamos a salvo”.

Por Greg Beals en Amán, Jordania

 

> Donaciones para la emergencia en Siria: www.eacnur.org, llamando al 902 218 218 o mandando un SMS* con la palabra ACNUR al 28014


*Donación íntegra de 1,20 euros para ACNUR. Válido para Movistar, Vodafone y Orange.


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