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Noticias Notas de Prensa ACNUR ayuda a niños traumatizados que huyeron solos de la República Democrática del Congo

ACNUR ayuda a niños traumatizados que huyeron solos de la República Democrática del Congo Imprimir

© ACNUR/L.Beck. Jean, de 15 años, sujeta el número que le identifica como menor no acompañado a la salida de una tienda, instalada por la Cruz Roja ugandesa, donde está alojado con otros menores no acompañados en el centro de tránsito de Bundibugyo.
© ACNUR/L.Beck. Jean, de 15 años, sujeta el número que le identifica como menor no acompañado a la salida de una tienda, instalada por la Cruz Roja ugandesa, donde está alojado con otros menores no acompañados en el centro de tránsito de Bundibugyo.
CENTRO DE TRÁNSITO DE BUNDIBUGYO, Uganda, 17 de julio de 2013 (ACNUR/UNHCR) – En una esquina del recién abierto centro de tránsito para refugiados, al oeste de Uganda, Jean, un huérfano de 15 años, asustado y confuso, comparte una tienda con otros chicos congoleños que han perdido a sus familias o han sido separados de ellas.

Este refugio especial para menores no acompañados forma parte del centro de tránsito de Bundibugyo, abierto el domingo para proporcionar protección y asistencia al flujo masivo de civiles que huyen de los enfrentamientos entre las fuerzas armadas congoleñas y el grupo rebelde ugandés Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF por sus siglas en inglés) dentro y alrededor de la ciudad de Kamando, al este de la República Democrática del Congo (RDC).

Desde el pasado jueves, más de 66.000 personas de la provincia congoleña de Kivu Norte han buscado refugio en Uganda y, el pasado martes, unos 5.000 de ellos fueron trasladados al campo desde la frontera. Los recién llegados necesitan ayuda urgente.

Este es el mayor flujo de refugiados que ha vivido la zona en años, lo que ha supuesto una gran presión para la ciudad de Bundibugyo, de unos 21.600 habitantes, y para el distrito, donde habitan 240.000personas y donde una significativa proporción de la población son ahora refugiados.

Jean, cuyos padres murieron de una enfermedad cuando sólo tenía nueve años, fue uno de los forzados a huir. Corrió en las primeras horas del sábado desde su pueblo, cerca de Tamango, después de que a uno de sus vecinos lo capturaran hombres armados, le torturaran y después le dispararan delante de él. El adolescente vivía con su hermano de 18 años, pero se separaron en la confusión de la huida.

El chico encontró él solo el camino hacia la frontera con Uganda, siguiendo a otros, que llevaban sus pertenencias y trataban de evitar los combates. Cuando Jean llegó a Uganda, tuvo que quedarse en un edificio de un colegio en la montañosa región fronteriza, antes de que ACNUR y la Oficina ugandesa del Primer Ministro abrieran el centro de tránsito de Bundibugyo el domingo, aceptando a un primer grupo de 300 personas.

“Había llovido”, recordó. “Había mucha gente en el colegio, teníamos que estar todos de pie y no pude dormir”, añadió Jean, que es uno de los 20 menores no acompañados que hay en el centro. Reciben ayuda especial para conseguir comida y son alojados en un refugio separado y seguro.

El centro de tránsito de Bundibugyo se encuentra a 28 kilómetros de la frontera y tiene una capacidad máxima para 20.000 personas. ACNUR y sus socios, incluyendo la Cruz Roja ugandesa, están animando a la gente a trasladarse al centro, donde es más fácil proporcionarles protección y asistencia, especialmente a los más vulnerables.

Sin embargo, la mayoría de los refugiados prefieren quedarse cerca de la frontera, ya que entran y salen durante el día y tienen la esperanza de volver pronto a casa. Aquellos que solicitan ser trasladados a Bundibugyo reciben comidas calientes, refugio, mantas y esterillas. ACNUR y sus socios están también construyendo letrinas y organizando los suministros de agua. Actualmente hay más de 5.000 refugiados en el centro y siguen llegando más personas casi cada hora.

“Este es, con mucho, el mayor flujo que he visto nunca”, asegura Andrew Lubwama, trabajador de ACNUR en el terreno. “Nuestra principal preocupación en este momento son las instalaciones de saneamiento e higiene para los refugiados, aunque si las lluvias llegan pronto quizá tengamos problemas con los brotes de enfermedades”, apunta.

Jean y sus nuevos acompañantes estarán más seguros en Bundibugyo que arriba en las montañas, pero muchos están traumatizados por la dura experiencia de la huida y les preocupan sus parientes. Jean está preocupado por su hermano, mientras otro chico en su tienda, Jackson*,  piensa continuamente en su madre ciega.

Este niño de once años, traumatizado, vestido con unos pantalones azules rasgados, le cuenta al ACNUR que vivía con su hermano y su madre en la frontera, cerca de Kivu Norte. Cuando comenzaron los ataques de ADF, tanto él como su hermano Fred, de 13 años, tomaron la desgarradora decisión de huir, dejando atrás a su madre, que pensaba que no sería capaz de sobrevivir al viaje. Los hermanos no saben qué fue de ella.

Aunque ya se ha terminado el sufrimiento de la huida para niños como Jean y Jackson, éstos siguen enfrentándose a muchos retos, como los de seguir el rastro de sus familiares y decidir si volver a casa o trasladarse de forma voluntaria a uno de los centros para refugiados en Uganda. De momento se alegran de estar a salvo y de poder dormir bajo un techo.

* Los nombres han sido cambiados por razones de protección

Por Lucy Beck en Bundibugyo, Uganda.


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