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Noticias Notas de Prensa El deseo de sonreír: expertos internacionales ayudan a niños gracias a la cirugía

El deseo de sonreír: expertos internacionales ayudan a niños gracias a la cirugía Imprimir

© ACNUR/G.Beals. Este niño sirio está casi listo para volver a sonreír tras una cirugía reconstructiva llevada a cabo en la cara y labios.
© ACNUR/G.Beals. Este niño sirio está casi listo para volver a sonreír tras una cirugía reconstructiva llevada a cabo en la cara y labios.
CAMPO DE REFUGIADOS DE ZA’ATRI, Jordania, 17 de julio de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Para los sirios que luchan por sobrevivir a los efectos de la guerra civil, la necesidad de establecer un sentimiento de normalidad es comprensible. Este deseo está fuertemente arraigado en la experiencia de aquellos que han cruzado fronteras para escapar de la destrucción de su hogar y de la realidad de un conflicto que persiste.
A veces, y por distintas razones, este deseo de normalidad se expresa en algo tan simple como que un hijo pueda sonreír.

 

 

Mohammed tiene ahora cinco años pero su padre, Nather, de 28 años, estaba preocupado por él desde el día en que nació. Nather esperaba que algún día su hijo, que nació con labio leporino, pudiera someterse a una operación de cirugía correctiva. Pero entonces la guerra y la violencia se arraigaron en Siria con una extraordinaria fuerza y frecuencia. Encontrar incluso atención hospitalaria básica era un reto para ellos. Con los muertos y los heridos amontonándose en los hospitales, la cirugía correctiva parecía un sueño distante.

Pero era en esos momentos cuando Nather precisamente empezaba a pensar en el rasgo facial de su hijo con creciente preocupación. “Todos estaban heridos. Mi hogar estaba destrozado, roto”, dice suavemente.

“Yo quería que fuera normal. Quería que fuera como los demás seres humanos. Quería que sonriera”.
Nather y su familia huyeron de la violencia en la ciudad de Dara'a, donde vivían, y llegaron al campo de refugiados jordano de Za’atri hace 10 meses. Pero las preocupaciones le agobiaban. ¿Qué pasaría con su familia más cercana y sus parientes? ¿Volverían algún día a su casa?

Aún así, Nather continuaba pensando sobre cómo iba a afectar la condición de Mohammed a su futuro y al de sus hermanos, incluso después de que acabara la guerra. ¿Significaría que Mohammed no crecería para casarse? ¿Las imperfecciones de su cara le impedirían conseguir un trabajo?

A Nather le preocupaba cómo la deformidad de Mohammed podía afectar a sus hermanas pequeñas, una de nueve meses y la otra de tres años. La hija mayor de Nather ya se había dado cuenta de que su hermano era diferente de los otros niños. Al padre le inquietaba que su preocupación por Mohammed pudiera implicar tener menos tiempo para dar cariño y atención a sus hijas.

Pero él no estaba solo en su deseo de ayudar a tratar la deformidad física de su hijo. Adnan, de 38 años, también tenía un hijo con labio leporino y fisura palatina. El problema era tan grave que el niño, de cuatro años, tenía problemas para hablar. En dos ocasiones antes de la guerra, Ahmad se sometió a dos operaciones y esperaba volver al hospital para una tercera cuando comenzaron los asesinatos. La familia dejo Dara’a hace cuatro meses para irse a vivir al campo de Za’atri.

Adnan sostiene a su hijo pegado a él y explica su deseo de lograr que la cirugía sea completa y que su hijo vuelva a “vivir como un niño normal”.

El 28 de junio, Nather y Adnan recibieron un regalo para sus hijos. Llegó en forma de 60 médicos experimentados de Jordania y otras partes del mundo, que ofrecen voluntariamente su tiempo y su experiencia para ayudar a gente como Mohammed. Llegaron de Estados Unidos, Italia, India y más allá. Trabajan para una organización benéfica internacional de pediatras, Operation Smile, y practican cirugía reconstructiva a muchos niños refugiados sirios, dándoles, literalmente, la oportunidad de sonreír.

Mohamed y Ahmad fueron llevados a un hospital de Amman, donde les operaron. El proceso fue relativamente simple y duró casi una hora. Después, los dos niños permanecieron unos pocos días en el hospital. Una semana después, llevaron a Mohammed y a Ahmad a la oficina de Operation Smile en Amman para la evaluación.

“La razón por la que estamos aquí es para ayudar a los niños”, afirma Kathy Magee, que fundó Operation Smile con su marido. “Todos estamos aquí para aportar nuestro granito de arena y empezaría aquí mismo, en un país que está en guerra, donde no hay suficiente comida, ni medicinas ni cirugía para esta gente”.

Tras la operación, los dos niños están bien. Ver la expresión de las caras de sus padres es entender el significado de su alivio. “Se ha convertido en un niño normal, no como antes”, dijo el padre de Mohammed, Nather. “Espero que un día crezca y sea médico. Quizá algún día el pueda ayudar a otro niño”.

Por Greg Beals en el campo de refugiados de Za’atri, Jordania.


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