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Noticias Notas de Prensa ACNUR entrega el Premio Nansen para los Refugiados a una inspiradora monja congoleña

ACNUR entrega el Premio Nansen para los Refugiados a una inspiradora monja congoleña Imprimir

© ACNUR/M.Henley. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, (a la derecha) entrega la medalla del Premio Nansen para los Refugiados 2013 a la hermana Angélique Namaika, de la República Democrática del Congo. Tras la ganadora, y de izquierda a derecha, Jan Egeland, del Consejo Noruego para los Refugiados, la embajadora suiza para las Naciones Unidas, Alexandra Fasel, y el Ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide.
© ACNUR/M.Henley. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, (a la derecha) entrega la medalla del Premio Nansen para los Refugiados 2013 a la hermana Angélique Namaika, de la República Democrática del Congo. Tras la ganadora, y de izquierda a derecha, Jan Egeland, del Consejo Noruego para los Refugiados, la embajadora suiza para las Naciones Unidas, Alexandra Fasel, y el Ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide.
GINEBRA, Suiza, 30 de septiembre de 2013 (ACNUR/UNHCR) – El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, entregó el lunes por la noche el Premio Nansen para los Refugiados 2013 a una inspiradora religiosa congoleña en reconocimiento a su trabajo ayudando a cientos de mujeres desplazadas y víctimas de abusos a reconstruir sus vidas.

“Este premio, esta medalla, no es sólo para mí, también es para todas las mujeres, niñas y niños que han sido secuestrados por el LRA” dijo la hermana Angélique Namaika tras recibir la Medalla Nansen de manos de António Guterres en una ceremonia celebrada en Ginebra en el Bâtiment des Forces Motrices (Edificio de Fuerzas Motrices).

“Nunca me rendiré, porque incluso si ayudara a una sola persona, eso ya sería para mí un éxito”, añadió la monja católica congoleña de 46 años, procedente de la provincia de Orientale, en la República Democrática del Congo.

António Guterres dijo que ha escuchado y visto muchas cosas terribles durante sus visitas a refugiados y otras personas desplazadas forzosas en África. “Y cuando ves a la hermana Angélique, de repente, toda tu perspectiva también cambia”, dice. “Y crees que Dios tiene una mano. Ella es la mano de Dios”.

El Premio Nansen recibe su nombre en honor al explorador polar, diplomático, científico y humanitario noruego Fridtjof Nansen. Este premio fue establecido en 1954 con el fin de rendir un homenaje a las personas, grupos u organizaciones que se hayan destacado por su trabajo en favor de los desplazados forzosos.

La hermana Angélique es la más reciente de una larga lista de reconocidos ganadores. Ha sido premiada por su trabajo para cambiar las vidas de más de 2.000 mujeres y niñas que se han visto obligadas a huir de sus hogares y que han sufrido los abusos del grupo rebelde LRA (Ejército de Resistencia del Señor) o de otros grupos armados en la región de Dungu, en la provincia congoleña de Orientale.

Muchas de las personas a las que ayuda a través de su Centro para la Reintegración y el Desarrollo han sufrido secuestros, trabajo forzoso, palizas, asesinatos, violaciones y otros abusos de derechos humanos.

Su enfoque individualizado les ayuda a recuperarse del trauma y el dolor. Además de los abusos que han padecido, estas mujeres y niñas vulnerables a menudo sufren el rechazo de sus propias familias y comunidades por el estigma que conlleva la violencia sexual.

La hermana Angélique ayuda a estas víctimas a recuperar la confianza y convertirse en autosuficientes ayudándolas a formarse como comerciantes, a montar un pequeño negocio o animándolas a volver a la escuela. Los testimonios de estas mujeres muestran cómo ha cambiado sus vidas. Muchas la llaman cariñosamente “madre”. La propia hermana Angélique fue desplazada por la violencia del LRA en 2009, por lo que conoce de primera mano el dolor de ser una desplazada forzosa.

Desde que fuera elegida como ganadora del Premio Nansen para los Refugiados el pasado 17 de septiembre, la hermana Angélique ha recibido reconocimientos y felicitaciones de personas de todo el mundo. El lunes, la Enviada Especial de ACNUR, Angelina Jolie, le envió una calurosa felicitación y declaró que el trabajo de la hermana Angélique podría “ayudar a llamar la atención sobre los devastadores efectos de la violación y la violencia sexual y sobre la necesidad de justicia y ayuda para las supervivientes”.

El exitoso escritor brasileño Paulo Coelho, en un discurso pronunciado durante el evento celebrado en Ginebra el lunes, también elogió a la ganadora del Premio Nansen y la describió como una lección de compasión. La ceremonia de entrega del premio contó también con las actuaciones musicales de la cantautora británica Dido, la malaya Yuna y los músicos malienses nominados al Grammy Amadou y Mariam. “Fue increíble conocer a la hermana Angélique e inspirador cantar para ella”, dijo Dido tras su actuación.

Tras la ceremonia, la hermana Angélique viajará a Roma, donde será recibida por el Papa Francisco el 2 de octubre antes de dirigirse a París, Bruselas y Oslo para mantener otros encuentros. El premio consiste en una medalla conmemorativa y un premio en metálico de 100.000 dólares donado por los gobiernos de Noruega y Suiza en apoyo a un proyecto escogido por la ganadora.

El anuncio del Premio Nansen para los Refugiados 2013 a principios de este mes vino acompañado de la presentación de un informe sobre la vida de las personas desplazadas por la violencia del LRA. Desde 2008, cientos de miles de personas se han visto obligadas a huir de la provincia de Orientale, en el noreste de República Democrática del Congo, y en algunos casos en repetidas ocasiones. Hoy en día se estima que 320.000 personas continúan desplazadas. Este informe, elaborado por ACNUR y el Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC por sus siglas en inglés), pone de relieve cómo la violencia del LRA ha causado un trauma profundo y duradero tanto a los secuestrados, como a los cientos de miles de personas que todavía temen regresar a sus hogares.


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