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Noticias Notas de Prensa Tras arriesgarlo todo para huir de la guerra, los sirios reciben una fría acogida en Europa

Tras arriesgarlo todo para huir de la guerra, los sirios reciben una fría acogida en Europa Imprimir

© ACNUR/ K. Kehayioylou. Hamadheir, un refugiado sirio, enciende una vela en el frío sótano abandonado de Atenas en el que vive con su madre, Rajaa , y sus dos hermanas pequeñas, desde que su familia huyó de la guerra que asola su patria, Siria.
© ACNUR/ K. Kehayioylou. Hamadheir, un refugiado sirio, enciende una vela en el frío sótano abandonado de Atenas en el que vive con su madre, Rajaa , y sus dos hermanas pequeñas, desde que su familia huyó de la guerra que asola su patria, Siria.
ATENAS, Grecia, 27 de diciembre de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Para llegar a un sótano de Atenas apenas iluminado por una linterna y una vela, Rajaa, refugiada siria, y sus tres hijos han realizado un viaje desgarrador y muy peligroso. No sorprende que, aunque la familia tenga un refugio frente a la lluvia que cae en el exterior, aún no se sientan seguros.

Esta mujer de 42 años, su hijo adolescente y sus dos niñas pequeñas huyeron hace unos meses de una Siria arrasada por la guerra para reunirse con el padre de familia en el Líbano, donde él estaba trabajando.

Un traficante les engañó prometiéndoles que les llevaría a Suecia, pero desapareció con el dinero que le habían pagado, 30.000 dólares.

Con el poco dinero que les quedaba, el marido de Rajaa decidió enviarla junto a sus tres hijos en un tortuoso viaje por carretera que acabaría en un bote hinchable en Izmir, en Turquía, mientras él se quedaría en el Líbano. La mujer y sus hijos se subieron a la embarcación, no apta para navegar, junto a 35 hombres, siete mujeres y siete niños. Todos trataban de evitar el fuertemente vigilado muro de 12,5 kilómetros en la frontera entre Grecia y Turquía.

Después de pasar más de tres horas en el mar, cuando estaban a apenas 100 metros de la costa griega, la barca empezó a hundirse. Al mismo tiempo, cuenta Rajaa, un barco de la guardia costera griega orientó un foco hacia ellos, pero no les rescató.

“Casi perdemos a Leima”, dice, refiriéndose a su hija de dos años. “Es un milagro que estemos todos vivos. Cada hombre cogió a un niño o a una mujer y nos llevó nadando hasta la orilla”. Rajaa cuenta que cuando llegaron a la playa, helados, empapados y agotados, se toparon con hombres uniformados que les apuntaban con armas.

Cada vez más sirios están tomando este tipo de embarcaciones para llegar a Europa tras la construcción del muro y el refuerzo de la vigilancia fronteriza en los últimos 16 meses. Las estadísticas griegas indican que más de 7.600 sirios han sido detenidos durante los primeros 11 meses de 2013 por entrar o permanecer de manera irregular en el país.

Con un número creciente de sirios llegando a las costas de Europa, “nadie espera que Grecia asuma sola esta carga”, explica Laurens Jolles, Representante Regional de ACNUR para el Sur de Europa. “ACNUR está llevando a cabo cuanto está en su mano para recordar a la comunidad europea la necesidad de mostrar más solidaridad y compartir responsabilidades con los países situados en las fronteras exteriores de la Unión Europea (UE)”.

También dice que Siria “es la mayor emergencia humanitaria en este momento” y que, a pesar de los retos, rechazar a los solicitantes de asilo no es la solución.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, António Guterres, también ha expresado su preocupación por las graves deficiencias constatadas en la protección a los sirios que están llegando a Europa y ha instado a la adopción de un enfoque más generoso y coherente en la acogida de los sirios que buscan refugio y asilo en el viejo continente.

Después de llegar a esta playa griega, sus avatares continuaron hasta que toda la familia de Rajaa, incluido su hijo Hamadheir, de 17 años, y su hija Lamar de 5 años, lograron llegar a un barrio de Atenas donde viven otros sirios. Pasaron una fría noche durmiendo al raso en un parque hasta que un palestino llevó a la familia de Rajaa, que es de origen palestino, al sótano abandonado que ahora se ha convertido en su hogar. No tiene agua corriente, electricidad ni calefacción, pero al menos les protege de las inclemencias del clima.

Sin embargo, lo que les hace sentirse inseguros es saber que, aunque Grecia permite a los sirios quedarse en el país durante seis meses sin temor a ser deportados, no tienen ningún otro derecho.

“Los sirios pueden pedir asilo en Grecia, pero no le ven ningún sentido porque no quieren quedarse aquí”, explica el doctor Maarouf Alobeid, un médico sirio que lleva 30 años viviendo en Grecia y que ha tratado a la pequeña Leima. Junto con otros miembros de la comunidad siria en Atenas, Maarouf lleva alimentos y medicinas a la familia.

Dice que la crisis económica que atraviesa Grecia desde hace cinco años ha desalentado a muchos sirios a quedarse en el país. Reciben poco apoyo de las autoridades, dice, y muchos prefieren irse a otros países europeos donde tienen familiares.

Pero esto puede ser un problema, según explica Laurens Jolles. “Es muy difícil para estas personas moverse legalmente por Europa”, dice. “Las políticas europeas de reunificación familiar deben ser más flexibles, sobre todo ante situaciones de emergencia, como la que estamos viviendo en el contexto del éxodo de refugiados sirios”.

Rajaa siente que no puede dar marcha atrás: su casa en Siria quedó destruida por los bombardeos. Pero tampoco puede avanzar. Le gustaría poder reunirse con su otro hijo, de 22 años, que ha sido reconocido como refugiado en otro país europeo, pero eso es imposible según la normativa actual de la UE. Mientras mira la única vela de su frío sótano, Rajaa suspira: “Sólo Dios puede ayudarnos”.

Por Ketty Kehayioylou en Atenas, Grecia.

 

DONACIONES para la emergencia en Siria: web eacnur.org o 902 218 218 o mandando un SMS* con la palabra ACNUR al 28014.

*Donación íntegra de 1,20 euros para ACNUR. Válido para Movistar, Vodafone y Orange.

 


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