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Noticias Notas de Prensa Sirios desesperados por empezar una nueva vida mueren tratando de llegar a Grecia

Sirios desesperados por empezar una nueva vida mueren tratando de llegar a Grecia Imprimir

© ACNUR/G.Beals. Fadi Mansurati frente a la tumba de su hermana, su marido y los dos hijos del matrimonio. La familia murió frente a sus ojos cuando su barco se hundió en las aguas entre Turquía y Grecia.
© ACNUR/G.Beals. Fadi Mansurati frente a la tumba de su hermana, su marido y los dos hijos del matrimonio. La familia murió frente a sus ojos cuando su barco se hundió en las aguas entre Turquía y Grecia.
LESVOS, Grecia, 4 de abril de 2014 (ACNUR/UNHCR) – El agua de medianoche estaba tranquila como un estanque de mercurio cuando los refugiados sirios empujaron su barco hacia el este del Egeo. Un viejo traficante les convenció para subirse al barco con una sola palabra, “Grecia”. El hombre la pronunció de pie sobre una cala rocosa de Turquía, apuntando hacia las tentadoramente cercanas luces de la isla de Lesvos, y repitiendo: “Grecia”.

Entre los pasajeros, algunos habían perdido familiares y amigos en Siria; uno de ellos incluso había perdido a varios parientes en los ataques químicos del año pasado a las afueras de Damasco. Ellos habían sobrevivido a lo peor del conflicto y se encontraban a las puertas de Europa.

Pero en la noche del 18 de marzo, siete de estas personas murieron en el mar, a una milla de las costas de Grecia, cuando su barco fue engullido por las olas. La embarcación, construida para transportar a un máximo de siete personas, llevaba a 16, incluyendo a dos mujeres y dos niños.

Los supervivientes dijeron que el tripulante parecía demasiado joven y que estaba cruzando el mar demasiado rápido teniendo en cuenta las condiciones. En cuestión de minutos las calmadas aguas cerca de la línea de la costa dieron paso a olas que hicieron tambalear la embarcación con fuerza contra el mar. El tripulante pronto perdió el rumbo.

Las luces de Lesvos ya no estaban frente a ellos, sino a su izquierda. El barco se dirigía al norte. Los hombres que se encontraban en la popa vieron que el agua estaba entrando en la embarcación, así que el tripulante paró el motor. Las olas embistieron el barco, a derecha e izquierda hasta que los hombres que estaban en cubierta salieron despedidos.

Mohammed Al Housain, de 25 años, un médico de Alepo, recuerda haber visto el barco tambaleándose antes de que él acabara bajo el agua. No supo dónde estaba la superficie hasta que se golpeó la cabeza contra el casco de la embarcación. La proa se elevaba a medida que el agua entraba por la popa, pero Mohammed logró trepar por el costado de la nave.

Las mujeres, los niños y un hombre gritaban desde la zona de cabina, que pronto se llenó de agua. “Cogí la mano de alguien pero la ventana era demasiado pequeña”, recuerda Mohammed. “Lo intenté de nuevo. Podía palpar su pelo y vi una mano, un reloj y un anillo, y después pelo. Ya estaban bajo el agua. Me alejé nadando porque no podía soportar los gritos”.

El barco volcó con otro golpe de mar y Fadi Mansurati, de 25 años, vio desaparecer a su hermana Rose, de 26, y a su hijo de siete años, Karlos. Su sobrina Marita, de cuatro años, había logrado salir de la cabina. “La cogí al instante y la agarré”, dice. La niña estaba gritando por su madre. “Pensé en mi familia, que estaba dentro de la cabina”, dice. “Me decía a mí mismo que sobrevivirían”.

Fadi sostuvo con fuerza a Marita mientras la niña gritaba llamando a su madre. “No te preocupes, Mamá vendrá”, recuerda que le decía. En unos minutos los gritos se convirtieron en sollozos. El agua estaba gélida y después de una hora Fadi sintió que el cuerpo de la niña se había quedado frío. Marita había muerto y él la dejó en el mar.

Entonces Fadi vio cómo el padre de Marita, Josef Daoud, de 36 años, se quitaba el chaleco salvavidas y se hundía tras las olas. Fadi quiso seguirles en su camino a la muerte, pero Mohammed le golpeó para evitar que se quitara la vida. Le golpeó de nuevo después para mantenerle despierto.

Dos de los supervivientes, Maher*, de 47 años, y Somar*, de 22, nadaron hacia la costa. Mather usó su chaqueta como salvavidas, donde además llevaba sus papeles y su dinero. El hombre temblaba de frío, esperando la muerte.

Pero la guerra siria resonaba en su mente. ¿Qué pasaría con su hijo adolescente y su mujer en Idlib si él moría? Maher había prometido a su mujer que conseguiría el dinero suficiente para que pudieran vivir en Ámsterdam o Bruselas, los lugares con los que todos soñaban.

“Así que decidí combatir a la muerte con mi miedo”, dice Maher. “Dios y la imagen de mi hijo en la cabeza me mantuvieron con vida. Mi hijo me hablaba y me decía: 'Quiero dormir a tu lado, no te vayas papá, no te alejes de mí'”.

Somar nadaba junto a Maher. Este cristiano procedente de la zona de Hama había visto desvanecerse su sueño de convertirse en ingeniero eléctrico a medida que se extendía la guerra. Estaba cansado de todo, no había futuro en Siria. El futuro estaba más allá de la línea de costa [que se vislumbraba frente a él]. Los hombres rezaron juntos y se ayudaron para seguir adelante.

Durante la noche, los supervivientes vieron las luces de barcos que pasaban. En una ocasión un barco se dirigió hacia ellos pero después se desvaneció en la distancia. En las horas previas al amanecer escucharon los motores de un barco patrulla turco.

Antes de que el barco se hundiera, uno de los pasajeros había logrado hacer una llamada de emergencia a la costa griega. Las autoridades de ambos lados del canal fueron informadas y llevaban horas buscando a los refugiados. Un marinero de un barco turco arrojó a los pasajeros una cuerda para ayudarles. Una vez rescatados, les dieron mantas antes de trasladarlos a un barco griego que les llevó a tierra.

Unos días después, los primos y tíos de Fadi llegaron desde Suecia para enterrar a Marita, Karlos, Josef y su mujer en un cementerio situado en una colina no lejos de la costa. Cerca de allí estaban las tumbas de aquellos que habían fallecido en intentos previos de llegar a Grecia.

Fadi ahora no tiene familia en Siria. La familia que tenía viajaba con él y murió en el mar. “La única familia que me queda está en Suecia”, dice. “Así que allí es donde necesito ir”.

*Nombres cambiados por motivos de protección.

Por Greg Beals en Grecia

DONACIONES para la emergencia en Siria: web heridasiria.org o 902 218 218 o mandando un SMS* con la palabra ACNUR al 28014.

*Donación íntegra de 1,20 euros para ACNUR. Válido para Movistar, Vodafone y Orange.


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