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Los refugiados sursudaneses en Etiopía toman las riendas de su educación Imprimir

© ACNUR/L.F.Godinho. Refugiados sursudaneses asisten a una clase de ciencias en una escuela de primaria del campo de refugiados de Leitchuor, en la región etíope de Gambella. Dentro de poco ACNUR facilitará hospitales de campaña a Save the Children para mejorar las condiciones de los estudiantes que van a la escuela.
© ACNUR/L.F.Godinho. Refugiados sursudaneses asisten a una clase de ciencias en una escuela de primaria del campo de refugiados de Leitchuor, en la región etíope de Gambella. Dentro de poco ACNUR facilitará hospitales de campaña a Save the Children para mejorar las condiciones de los estudiantes que van a la escuela.
CAMPO DE REFUGIADOS DE LEITCHUOR, Etiopía, 1 de mayo de 2014 (ACNUR/UNHCR) – Nyarial Gtaka, una niña refugiada de 14 años, se concentra en la lección escrita en inglés en la pizarra sobre “cosas que pueden afectar al clima” en su país, Sudán del Sur.

La clase, situada en el mayor campo para refugiados sursudaneses de Etiopía, tiene las paredes hechas con lonas de plástico y los 50 alumnos comparten libros de ciencia desgastados. Pero para esta adolescente que vive en el campo de Leitchuor con su tía, esta aula es su billete a un gran futuro.

“Quiero ser medico, volver a mi país y ayudar a mi gente” dice Nyarial, una de los 1.500 estudiantes que van a clase en los dos turnos que atiende esta escuela. Hay una lista de espera del doble de alumnos: unos 3.000 estudiantes refugiados esperan que se abran las nuevas aulas para poder retomar sus estudios, que se vieron suspendidos cuando la violencia estalló en su país en diciembre del año pasado.

Lo que es realmente inusual en la escuela de primaria de Leitchuor, que por ahora imparte de 1º a 4º grado, es que está gestionada por 17 profesores que también son refugiados y que han sido elegidos entre los 45.000 refugiados que viven en este campo.

“Nuestro papel aquí es compartir nuestros conocimientos con nuestros hermanos y hermanas más jóvenes” dice Pal Wiw, el director de la escuela, de 27 años de edad. Él se vio obligado a huir de su aldea en el estado de Alto Nilo, en Sudán del Sur, y a caminar durante seis días con sus tres hermanos y dos hermanas para encontrar seguridad en Etiopía.

Pal supervisa a los otros profesores, revisa sus planes de estudio y mantiene la disciplina. Les dice a los niños que se tomen la educación “muy en serio”, pero también tiene previsto introducir el fútbol y el baloncesto en la escuela para reforzar la formación de los jóvenes. Los balones y las porterías acaban de ser entregados a la escuela.

Las fuertes lluvias y el viento que han dañado la frágil escuela no le han detenido, ni tampoco la falta de libros escolares. Sólo el continuo conflicto en Sudán del Sur empañan su sonrisa. Le gustaría volver a casa pero sabe que es imposible.

“No me siento bien porque tuve que abandonar mi país” dice Pal. “Incluso si decidiera volver no podría porque los combates siguen allí”.

ACNUR financia a Save the Children para ayudar a implementar este proyecto. Es la única actividad educativa por ahora en los campos de refugiados de la región de Gambella, en Etiopía, que actualmente acoge a más de 95.000 refugiados sursudaneses.

“Todavía estamos en la fase de emergencia, en la que nos concentramos en salvar vidas, ofrecer protección, refugio, agua, alimentos y saneamiento”, explica Alexander Kishara, coordinador de la operación de emergencia de ACNUR en Gambella. “La educación es una prioridad para los niños refugiados. Es muy importante que se establezcan rutinas para estos niños y que sigan aprendiendo”, subraya. Ya estamos buscando terrenos para las escuelas y, tan pronto como podamos, levantaremos más colegios” añade Kishara. “Sabemos que es importante que estos niños vuelvan a la escuela para construir las generaciones futuras de sursudaneses”.

A sus 19 años, William Chol es uno de los alumnos más mayores de la escuela de primaria, ya que ha tenido que interrumpir sus estudios a menudo. “Necesito acabar mis estudios para planificar mi futuro. Me gustaría ser piloto o ingeniero”, dice el joven, que dejó atrás a su madre y su hermano en Juba, la capital de Sudán del Sur, para venir solo al campo.

“Siento que somos los que cambiaremos nuestro país”, añade William. Su compañera de clase, Nyarial, le apoya: “No podemos ser como nuestros padres. Quiero estudiar y apoyar a mi país”.

Por Luiz Fernando Godinho en el campo de refugiados de Leitchuor, Etiopía


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