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Noticias Notas de Prensa Jordania:Las tormentas de invierno traen más complicaciones a los refugiados en el campo de Za’atari

Jordania:Las tormentas de invierno traen más complicaciones a los refugiados en el campo de Za’atari Imprimir

© ACNUR/B.Szandelszky. Refugiados sirios descansan en un refugio de emergencia después de que su tienda se derrumbara por las fuertes nevadas que azotan el campo de refugiados de Za’atari, en Jordania. Cientos de familias refugiadas se vieron afectadas por las tormentas invernales y tuvieron que cobijarse en centros de emergencia.
© ACNUR/B.Szandelszky. Refugiados sirios descansan en un refugio de emergencia después de que su tienda se derrumbara por las fuertes nevadas que azotan el campo de refugiados de Za’atari, en Jordania. Cientos de familias refugiadas se vieron afectadas por las tormentas invernales y tuvieron que cobijarse en centros de emergencia.
CAMPO DE REFUGIADOS DE ZA’ATARI, Jordania, 9 de enero de 2015 (ACNUR/UNHCR) – El clima extremo ha causado estragos los últimos días entre los refugiados que viven en el campo de Za’atari, donde se han inundado refugios, algunas tiendas se han derrumbado y cientos de personas han tenido que esperar a que pasaran las tormentas en los refugios de emergencias o con vecinos y familiares.

Las tormentas invernales han asolado Jordania y Líbano la semana pasada, trayendo consigo grandes nevadas y lluvias, fuertes vientos y temperaturas bajo cero para decenas de miles de refugiados que viven en campos y en asentamientos improvisados en toda la región.

En Za’atari, el campo más grande con casi cerca de 85.000 sirios viviendo en él, decenas de familias tuvieron que buscar refugio el viernes en los centros de emergencia después de que sus tiendas se derrumbaran por el peso de la nieve, que empezó a caer dos días antes.

Fatima, de 20 años, y su marido Mohammed, trataban de proteger del frío a sus tres hijos cuando el techo de su tienda se desplomó hace dos noches. “Teníamos una pequeña estufa encendida en la tienda para mantenernos calientes y se cayó sobre mi hijo y le quemó la espalda” explica a los visitantes de ACNUR en el refugio donde ella y sus hijos están alojados con otras siete familias.

“Fue puro pánico, todos estábamos muy asustados. Corrimos fuera de la tienda y nos dijeron que viniéramos aquí”, explica. Ella llevó a su hijo de un año, Bara’a, al hospital que hay en el campo y allí le trataron sus quemaduras.

Aunque muchos refugiados cuyas tiendas quedaron dañadas por las tormentas han sido acogidos por parientes y amigos, ACNUR estableció varios refugios en previsión a las tormentas para aquellos que no tuvieran a donde ir. Los refugios están equipados con calefactores, colchones y mantas, y también se ofrece a los refugiados agua y comida.

Además de causar daños en las tiendas, el mal tiempo ha interrumpido la vida en el campo. Las fuertes lluvias y la nieve que se derrite han causado inundaciones en muchas zonas, dañando las pertenencias de los refugiados y convirtiendo las calles en lodazales de agua y barro helado. Los suministros de electricidad en muchas zonas del campo también han quedado cortados.

“Esta tormenta ha tenido un gran impacto en los refugiados y está haciendo su día a día aún más difícil” dijo Nasreddine Touaibia, de ACNUR. “Estar en el campo ya no es una situación cómoda, así que si le añades el clima extremo -con fuertes vientos, lluvia y nieve-, la situación es bastante mala”.

Con las previsiones meteorológicas anunciando mal tiempo hasta el sábado por lo menos, las familias desplazadas tendrán que seguir viviendo en los refugios de emergencia hasta que pasen las tormentas, según Touaibia. Una vez que las condiciones mejoren, los equipos de ACNUR serán enviados a evaluar los daños a los refugios individuales y a llevar a cabo reparaciones u ofrecer equipo de remplazo.

De vuelta en el interior del refugio de emergencia, la madre de Fatima, Houria, cuya tienda también se desplomó, reflexiona sobre el daño causado por las tormentas: “Todas nuestras pertenencias están empapadas dentro de la tienda, no pudimos ni siquiera salvar las mantas. Si bañamos a los niños no tenemos siquiera ropa que ponerles”.

Por Charlie Dunmore en el campo de refugiados de Za'atari, Jordania


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