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Noticias Notas de Prensa Los sirios se enfrentan a la desesperación y al peligro intentando llegar a Grecia

Los sirios se enfrentan a la desesperación y al peligro intentando llegar a Grecia Imprimir

© ACNUR/ D.Breen. Un hombre sirio contempla con anhelo un barco que se adentra en el Mar Egeo en Izmir, Turquía. La ciudad se ha convertido en un habitual punto de partida para los que cruzan a Grecia.
© ACNUR/ D.Breen. Un hombre sirio contempla con anhelo un barco que se adentra en el Mar Egeo en Izmir, Turquía. La ciudad se ha convertido en un habitual punto de partida para los que cruzan a Grecia.
ATENAS, Grecia, 2 de febrero de 2015 (ACNUR/UNHCR) – Sentados en un sótano, ocho hombres de nacionalidad siria y palestina intercambian historias sobre su huida de la guerra en Siria y sus intentos de llegar a un lugar seguro en territorio europeo. Cada refugiado cuenta una historia diferente, pero la desesperación y los riesgos a los que se exponen para llegar a Grecia son comunes a todos ellos.

Ahmed* relata que una noche intentó llegar a Grecia desde Turquía a bordo de un bote que transportaba a otros 34 refugiados sirios, entre los que se encontraban cuatro niños pequeños y una persona que había sufrido una amputación doble. Cuenta que su bote fue interceptado por una embarcación de la guardia costera griega, que apareció de repente en medio de la oscuridad, y que unos individuos enmascarados subieron a bordo, arrancaron el motor y lo arrojaron al mar.

Ahmed y otros sirios intentaron subirse a la lancha guardacostas y recibieron una brutal paliza. “Les dijimos que éramos de Siria y que si nos enviaban de regreso allí moriríamos, a lo que nos contestaron ‘muéranse, pero no vengan aquí’”, recuerda. El relato parece no horrorizar a ninguno de los allí presentes, ni siquiera parece causarles asombro. Ríen cuando Ahmed explica que su cabeza estaba tan hinchada por la paliza que recibió que tuvo que ser hospitalizado.

Esto ocurrió después de que la guardia costera de Turquía rescatara el bote en el que viajaba Ahmed, que había sido remolcado a aguas turcas y dejado a la deriva. Ese fue su tercer intento de llegar a Grecia desde territorio turco. En mayo, él y dos amigos cruzaron el río Evros y llegaron a la ciudad de Orestiada, pero fueron detenidos cuando intentaban comprar billetes de tren con destino a Atenas. Los tres estuvieron retenidos durante un periodo de tiempo breve y posteriormente devueltos a Turquía.

Su segundo intento, unos días más tarde, tuvo que ser cancelado porque el río estaba demasiado crecido y era peligroso cruzarlo. Su cuarto intento fue en junio, esta vez a bordo de un bote que se dirigía a la isla griega de Samos. En esta ocasión, la guardia costera helena los recogió y los llevó a Samos, donde dos pasajeros sirios que se encontraban enfermos recibieron atención médica.

No obstante, para aquellos que sí logran llegar a Grecia escapando de la persecución y la violencia en lugares como Siria, Afganistán, Somalia e Irak, la vida es dura. Estos ocho hombres conviven en una pequeña habitación en un sótano de Atenas, pagan entre todos 400 euros al mes y duermen en condiciones precarias. Ninguno de ellos tiene un trabajo estable y se preguntan cómo harán para pagar el alquiler el próximo mes.

Su intención no es permanecer en Grecia, y muchos tienen como destino final países como Alemania y Suecia. Pero el camino por recorrer está lleno de obstáculos.

Radwan*, de 23 años y originario de Damasco, tiene intención de llegar a Suecia o Noruega. El pasado mes de junio, él junto con otras dos personas fueron detenidos y encarcelados cerca de la frontera con Serbia tras haber ingresado a la ex República Yugoslava de Macedonia desde el norte de Grecia. Ahora, de vuelta en Atenas, dice que tiene planes de marcharse nuevamente a cualquier sitio fuera de Grecia. 

Pese a sus dificultades, estos hombres reconocen que muchos griegos también tienen problemas. “La gente es muy agradable y es una ciudad hermosa, pero la situación es muy difícil”, afirma Farid*, el mayor de los ocho, que ronda los cuarenta años. Tiene cinco hijos que mantener en Siria, quienes ahora viven con unos familiares mientras él busca la forma de devolver algo de estabilidad a sus vidas.

Este abogado de profesión dice que antes de que estallara la guerra su vida en la ciudad de Homs, en el oeste de Siria, era muy buena. Pero hace unos dos o tres años lo perdieron todo, explica. “Perdimos nuestros empleos. No teníamos ingresos ni recursos”, dice. Farid se vio obligado a vender la casa familiar y su coche, y parte de ese dinero lo usó para pagar a un traficante en Turquía para que lo llevara a Grecia. Actualmente está buscando una manera de llegar a Suecia.

En cierto modo, estos ocho hombres en Atenas son afortunados. Un grupo de jóvenes sirios que beben té en la ciudad turca de Izmir esperando para emprender la travesía a Europa narran anécdotas de intentos fallidos. En muchos de sus relatos cuentan que fueron disuadidos con la violencia de su propósito de llegar a Europa, o fueron devueltos a Turquía.

Sin una solución a la vista para la crisis siria y con limitadas vías legales de ingresar a territorio europeo, más personas intentarán hacer la peligrosa travesía marítima desde Turquía a Grecia, o desde el norte de África al sur de Europa, buscando estabilidad, seguridad, pero también la posibilidad de reunirse de nuevo con sus familiares y de ayudar a sus familias en el país de origen.

*Nombres cambiados por motivos de protección.

Por Duncan Breen en Atenas, Grecia.


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