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Noticias Notas de Prensa Una familia siria separada por la guerra se reencuentra en Brasil

Una familia siria separada por la guerra se reencuentra en Brasil Imprimir

© Archivo personal. Después de cuatro años, esta familia siria residente en Río de Janeiro por fin está completa al haberse reencontrado con el hijo mayor, Abd Alrahman (de camisa a cuadros).
© Archivo personal. Después de cuatro años, esta familia siria residente en Río de Janeiro por fin está completa al haberse reencontrado con el hijo mayor, Abd Alrahman (de camisa a cuadros).
RIO DE JANEIRO, Brasil, 20 de marzo de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Con el conflicto en Siria cumpliendo cuatro años este mes, la historia de cuatro hermanos refugiados en Brasil llama la atención por ser, al mismo tiempo, tan común como extraordinaria. Al igual que muchas, estuvo marcada por el miedo, por la separación y por la añoranza. Como pocas, sin embargo, terminó con un reencuentro y un final feliz.

La guerra separó a Armin (24 años), Abd Alrahman (22), Ebraheem (20) y Youness (5) durante casi tres años. A finales de 2012, cuando el conflicto ya afectaba gravemente a la población civil, Armin y Ebraheem decidieron cruzar la frontera en busca de mejores condiciones de vida en el Líbano. Huyeron del destino reservado a los jóvenes de su edad: la guerra en las filas del ejército. Abd Alrahman, a su vez, se había incorporado en las fuerzas armadas, lo cual motivó la permanencia de sus padres, Adeeb y Hanaa, y también del pequeño Youness.

En Beirut, los dos hermanosque habían logrado escapar enfrentaron nuevas dificultades y, después de un año, decidieron acudir a las Embajadas de varios países para pedir protección. Sus solicitudes fueron todas rechazadas. Entonces, un amigo les recomendó buscar la Embajada de Brasil. A través de una Resolución Normativa (#17), el país pasó a desburocratizar la emisión de visas para ciudadanos sirios y de otras nacionalidades afectadas por el conflicto que estuvieran dispuestos a solicitar asilo. Y así, los dos hermanos lograron salir de Oriente Medio.

Armin y Ebraheem llegaron a São Paulo en diciembre de 2013 y, poco después, se trasladaron a Brasilia. Con el apoyo de la comunidad árabe local, comenzaron a buscar empleo y a planificar la llegada del resto de la familia.

Ebraheem recibió una oportunidad para trabajar como camarero, pero Armin, que tenía años de experiencia en hostelería, no estaba satisfecho y decidió mudarse a Rio de Janeiro. En la Ciudad Maravillosa, su suerte empezó a cambiar. Buscó a Caritas RJ, institución socia del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), y a través de ella conoció al sacerdote Alex, de la Parroquia de San Juan Bautista, quien le ofreció un trabajo de vendedor en la librería de la iglesia.

Además, Armin se hizo amigo de un suizo que quedó conmovido por su historia y le ofreció un apartamento para alojar temporalmente a la familia. En ese momento, sus padres y su hermano menor ya habían logrado trasladarse a Brasilia. En octubre de 2014, todos volvieron a vivir juntos en Río.

Todos, excepto Abd Alrahman, quien aún continuaba en Siria. Poco después, sin embargo, él logró dejar el ejército y cruzar la frontera con Turquía. Después del trámite con la Embajada brasileña en Ankara, el reencuentro familiar tuvo lugar el 29 de diciembre de 2014 cuando, finalmente, los padres y los hermanos de Abd Alrahman lo fueron a recoger al aeropuerto.

Brasil se ha convertido en un destino cada vez más común para los refugiados sirios. El año pasado, más de 1.300 sirios solicitaron asilo en el país y se convirtieron en el grupo más numeroso entre los refugiados que actualmente viven en Brasil (unos 1.700).

Nueva vida en Brasil - Superada la nostalgia, Adeeb, Hanaa y sus cuatro hijos viven ahora una nueva fase. Conociendo el gusto del brasileño por la comida árabe, ellos abrieron un pequeño negocio gastronómico, preparando en casa delicias tradicionales como kibbeh, esfiha, falafel, hummus y dulces sirios, que se venden en la puerta de la iglesia del sacerdote Alex. Para iniciar la producción, contaron con la ayuda no sólo del sacerdote sino de varios brasileños, quienes contribuyeron con la compra de importantes máquinas caseras para la preparación de los productos. Ofreciendo precios bajos para atraer a los clientes, la familia ya comienza a cosechar los frutos.

“Hacemos las recetas originales, tal como son en Siria”, dice Armin. “Trituramos el trigo para preparar nuestra propia harina de kibbeh y además ponemos nueces, lo que la gente de aquí no acostumbra hacer. Los brasileños compran porque saben que son ingredientes originales y frescos. Les gusta, vuelven y traen a sus amigos”, dice Armin.

La familia prepara las exquisiteces por la noche y durante el día las vende. En la sala de la casa, todos ayudan de alguna manera. Incluso el pequeño Youness, que ya asiste a una escuela privada. Pero ellos quieren más personas con las manos en la masa. Sueñan con traer a los primos a Brasil y, así, hacer crecer el negocio, como ha ocurrido con tantas otras familias árabes en Río de Janeiro en otros tiempos, sobre todo entre los libaneses.

Con el conflicto en Siria iniciando su quinto año, y a falta sólo del reconocimiento de Abd Alrahman como refugiado por parte del gobierno brasileño, la familia ya no piensa regresar pronto. “Creo que esta guerra va a durar otros diez años más”, opina Ebraheem. “Con tantos grupos involucrados, el país ya no puede volver a ser como antes”.

Por Diogo Felix, en Rio de Janeiro, Brasil


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