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Un sistema de escaneo del iris proporciona subsidios en efectivo a los refugiados sirios en Jordania Imprimir

© ACNUR. Una refugiada siria hace el escaneo de su iris en una sucursal de El Cairo Amman Bank, en la capital jordana. Jordania es el primer país del mundo en utilizar esta tecnología de escaneo del iris para que los refugiados sirios accedan a la ayuda económica mensual proporcionada por ACNUR. Alrededor de 23.000 familias sirias que viven en áreas urbanas de Jordania se benefician cada mes del sistema.
© ACNUR. Una refugiada siria hace el escaneo de su iris en una sucursal de El Cairo Amman Bank, en la capital jordana. Jordania es el primer país del mundo en utilizar esta tecnología de escaneo del iris para que los refugiados sirios accedan a la ayuda económica mensual proporcionada por ACNUR. Alrededor de 23.000 familias sirias que viven en áreas urbanas de Jordania se benefician cada mes del sistema.
AMÁN, Jordania, 23 de marzo de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Sentado en el frío sótano sin ventanas de un edificio de apartamentos que comparte con su esposa y dos niños pequeños en Amán, Abu Ahmad se describe a sí mismo como “uno de los afortunados”.

La pequeña y húmeda habitación que sirve de zona de cocina, dormitorio y sala de estar de la familia se incluye como parte de su trabajo como portero del edificio, por el que gana 70 dinares jordanos (100 dólares al mes). “Tengo la suerte de tener este trabajo, puedo estar con mi familia y no estoy en riesgo de ser capturado por la policía por trabajar sin permiso”, cuenta a los enviados de ACNUR.

A pesar de tener un trabajo, Abu Ahmad dice que la familia no podría sobrevivir sin la ayuda económica mensual de 100 dinares (140 dólares) que recibe de ACNUR. El dinero extra le permite comprar leche y pañales para su hijo de un año de edad, pagar las facturas de electricidad, agua y calefacción y cubrir los gastos de su medicación.

Hace tres años, la familia vivía en el suburbio Darayya de la capital de Siria, Damasco, que en ese momento estaba sacudido por bombardeos y ataques aéreos diarios. Abu Ahmed estaba ayudando a evacuar a los vecinos de sus casas cuando una bomba estalló junto a él y como consecuencia de ello perdió la mayor parte de su pie derecho.

Un año más tarde, trabajaba voluntariamente como conductor para una panadería local cuando la bala de un francotirador se estrelló contra el parabrisas de la camioneta y lo golpeó en la cabeza. Con suerte de seguir con vida, yació inconsciente en un hospital de campaña durante 20 días con una fractura de cráneo, y las lesiones lo dejaron con un trastorno neurológico que requiere una continua y costosa medicación.

Finalmente, después de tres meses de exilio en Daraa, al sur de Siria, durante los cuales se vieron obligados a pasar de escuelas abandonadas a refugios temporales cada dos semanas, Abu Ahmad, Nour, su mujer embarazada y Sham, su joven hija, se fueron de Siria a Jordania en el verano de 2013.

Si bien la familia pudo obtener el apoyo de un patrocinador jordano, indispensable para dejar el campo de refugiados de Za’atari y trasladarse a Ammán, y aun trabajando como conserje, Abu Ahmad dice que su primer año como refugiado fue extremadamente difícil. “No puedo describir lo difícil que era. Sólo teníamos un colchón, sin ninguna muda de ropa. Utilizamos el colchón como almohada y dormimos en el suelo”.

Incapaces de sobrevivir con lo poco que tenían, la familia se vio obligada a pedir dinero prestado, acumulando deudas de 1.200 dinares en su primer año. Más tarde, cinco meses después de una evaluación realizada por el equipo de ACNUR, Abu Ahmad fue informado que iba a comenzar a recibir una ayuda económica mensual.

“Fue un momento feliz para la familia”, dice, recordando la primera vez que escuchó la noticia. “La vida sigue siendo difícil para nosotros en esta situación, pero es mucho mejor ahora de lo que era antes”.
La primera semana de cada mes, Abu Ahmad recibe un mensaje de texto diciéndole que el dinero ha sido depositado en su cuenta bancaria. Después, hace un viaje de dos kilómetros al banco a retirar su dinero en efectivo.

Gracias a una colaboración con Cairo Amman Bank, Jordania es el primer país del mundo en utilizar tecnología de escaneo del iris para que los refugiados puedan acceder a sus fondos sin necesidad de una tarjeta bancaria o código PIN. Actualmente, alrededor de 23. 000 familias sirias que viven en zonas urbanas en Jordania se benefician mensualmente de la ayuda económica.

Esta tecnología ofrece una serie de ventajas, según el Representante de ACNUR en Jordania, Andrew Harper. “Este es probablemente el programa de asistencia más eficaz y eficiente en cualquier lugar del mundo. Los refugiados utilizan sus iris como una forma de identificación, y esto hace que el sistema sea a prueba de fraude”, explica.

El sistema también tiene costes muy bajos, lo que significa que por cada dólar donado al programa de ayuda económica, más de 98 céntimos termina en los bolsillos de los refugiados.

“Probablemente una de las cosas más importantes es que se refuerza la dignidad de los refugiados. Ya no tienen que ir a una oficina de ACNUR y hacer cola para recibir su ayuda económica. Pueden ir a un cajero automático de uno de nuestros bancos participantes, al igual que cualquier otra persona lo haría, y sacar el dinero”, añade Harper.

Gracias al éxito del sistema en Jordania, hay planes de expansión a otros países de la región como parte de la respuesta a la crisis de Siria. En última instancia, Harper cree que se convertirá en el modelo para los programas de ayuda económica de ACNUR en todo el mundo.
Abu Ahmad dice que la ayuda económica que recibe ha ayudado a hacer más llevadera una situación de por sí muy difícil mientras espera la paz en Siria para que su familia pueda volver a casa. “Me levanto cada mañana diciéndome a mí mismo que esta es una situación temporal y que las cosas van a mejorar pronto, pero ha pasado mucho tiempo y nada ha cambiado”.

Por Charlie Dunmore en Amman, Jordania.


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