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Un mecánico de automóviles sirio lucha por ejercer su oficio en Seúl Imprimir

© ACNUR. Ajar, de espaldas a la cámara, se reúne con el personal de ACNUR en Seúl.
© ACNUR. Ajar, de espaldas a la cámara, se reúne con el personal de ACNUR en Seúl.
SEÚL, República de Corea, 24 de marzo de 2015 (ACNUR/UNHCR) - Cuando huyó de su casa en Alepo, Siria, hace dos años, Ajar Ahmad* sólo tenía un pensamiento en mente: correr.  Alejarse tan lejos como fuera posible del peligro. Pensando en un lugar seguro y alejado, Ajar se instaló en la República de Corea (Corea del Sur), un país que nunca había visitado, pero cuyos coches -realizados por fabricantes como Hyundai, Daewoo y Kia- revisaba y vendía en su garaje y negocio de automóviles usados. Asimismo, tenía una buena impresión de los empresarios coreanos con los que trataba.

Así que, después de que el joven de 30 años de edad cruzara la frontera y llegara a Líbano, se dirigió a la Embajada de Corea del Sur, obtuvo un visado de entrada y voló a la capital, Seúl, en marzo de 2013.

“Sólo llevaba mi pasaporte”, recuerda Ajar. “Le dije a los funcionarios de inmigración que yo era un refugiado. Ellos dijeron que no necesitaba darles información y luego me emitieron esto”, agrega enseñando su tarjeta de residencia.

Ésta mostraba que se le había dado una visa G -1, o estatuto humanitario, lo que le permite permanecer en el país durante seis meses y le otorga derecho a trabajar. También le da a su titular el acceso a atención médica gratuita y otros derechos básicos.

A medida que el conflicto en Siria entra en su quinto año y la cifra de refugiados supera los 3,9 millones de personas, la distante Corea del Sur ha estado recibiendo un creciente número de solicitantes de asilo sirios. Desde enero de este año, alrededor de 650 sirios han buscado asilo en Corea del Sur, y entre ellos se ha concedido el estatuto humanitario a más de 500.

El gobierno de Corea del Sur, reconociendo el deterioro de las condiciones y el aumento del peligro en Siria, decidió en 2014 permitir a los sirios permanecer en su territorio sin tener que pasar por el habitual proceso de determinación del estatuto de refugiado, que puede tardar años. De los aproximadamente 730 titulares de estatuto humanitario en Corea, la mayoría son ahora sirios. Entre los demás se incluyen palestinos, egipcios, chinos y algunas personas de Myanmar.

Ajar, por su parte, llevaba una cómoda vida manejando su negocio en Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria. Pero a finales de 2012 los miembros de un grupo militante le obligaron a cerrar el garaje. Posteriormente, su compañero fue secuestrado y su familia tuvo que pagar un cuantioso rescate por su libertad. Ajar, de origen étnico kurdo, decidió que era hora de irse. “Tuve que huir”, le cuenta al ACNUR en Seúl.

Con su estatuto humanitario, Ajar tiene derecho a permanecer en el país hasta que sea seguro regresar a su hogar y puede, además, trabajar legalmente en Corea del Sur. Sin embargo, él tiene que renovar su visa G-1 cada seis meses y por eso quiere ser reconocido como refugiado, un estatuto que considera que es más permanente y seguro y que comprenden mejor lo empleados coreanos.

“He presentado una solicitud pero fue rechazada por el Gobierno coreano. Si pudiera ser un refugiado, me gustaría quedarme. De lo contrario, quisiera ir a otro país”, afirma. De las 9.800 solicitudes de asilo efectuadas desde 1994, sólo alrededor de 470 han obtenido el reconocimiento como refugiados, entre ellos dos ciudadanos sirios.

Muchos empleadores se encuentran confundidos por la visa G-1 debido a su plazo de validez de seis meses. La barrera lingüística también afecta la capacidad de Ajar para encontrar un trabajo fijo como mecánico experto familiarizado con los automóviles coreanos. Cuando logra obtener un empleo a tiempo parcial gana el equivalente a 50 o 100 dólares al día. Un primo en Turquía le transfiere dinero de vez en cuando pero se le hace difícil llegar a fin de mes.

“Yo trabajo cada vez que hay un coche que desmantelar. No necesito el idioma coreano para esto porque conozco bien los coches coreanos”, explica. “Si no hay automóviles para abrir, puedo estar sin trabajar durante días o semanas”.

A diferencia de la mayoría de los refugiados o poseedores de estatuto humanitario, Ajar vive en las afueras de Seúl, en la pequeña ciudad oriental de Chuncheon donde el alquiler es más barato. Como vive solo, paga menos de 100 dólares al mes en el alquiler de un apartamento modesto en comparación con los 500 dólares que pagaba en Incheon, donde permaneció durante un mes antes de que se le concediera el estatuto humanitario.

“Donde vivo ahora es muy bonito y similar a mi ciudad natal en Siria, y los coreanos son amables”, manifestó. “De todos modos, espero que la guerra termine pronto para que pueda regresar a Siria y reunirme con mi madre que no se encuentra bien”. La madre de Ajar y un hermano suyo son los únicos miembros de la familia que permanecen en Siria. Otros han huido a países como Turquía, Bélgica e Italia.

* El nombre ha sido cambiado por razones de protección.

Por Heinn Shin en Seúl, Corea.


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