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Tercera Conferencia Humanitaria Internacional de Donantes para Siria Imprimir

Declaraciones del Alto Comisionado de ACNUR, António Guterres

KUWAIT, Kuwait, 31 de marzo de 2015

Excelencias, damas y caballeros:

© ACNUR/L.Addario. Aziza Khalil al Issa, refugiada siria, en el interior de su tienda inundada donde vive con sus tres hijos en el valle de Bekaa, en el Líbano. La familia duerme en una cama que montan sobre unos cubos por encima del barro.
© ACNUR/L.Addario. Aziza Khalil al Issa, refugiada siria, en el interior de su tienda inundada donde vive con sus tres hijos en el valle de Bekaa, en el Líbano. La familia duerme en una cama que montan sobre unos cubos por encima del barro.
Déjenme expresar, al igual que el Secretario General y el Coordinador de Ayuda de Emergencia, mi más profunda gratitud a su Alteza el Jeque Sabah Al-Ahmad Al-Jaber Al Sabah por acoger esta conferencia aquí, en el “Centro Humanitario Internacional”.

Tras cuatro años de conflicto estamos en un punto de inflexión. Es obvio que la respuesta del mundo a la crisis en Siria no puede hacerse de la forma habitual. La situación se está volviendo insostenible.

En primer lugar, la situación de los propios refugiados. Más de 3,9 millones han sido registrados en países vecinos y son cada vez más pobres y vulnerables, al tiempo que sus condiciones de vida se están deteriorando drásticamente. Dos millones de personas dependen de la asistencia alimentaria para su supervivencia. Más de un tercio de los refugiados en la región viven viviendas precarias -en el Líbano y en zonas urbanas de Jordania este porcentaje alcanza el 50%-. Más de 600.000 niños refugiados no van a la escuela. Hay graves vacíos en la respuesta a la atención sanitaria básica.

Una encuesta entre 40.000 familias refugiadas en Jordania reveló que dos tercios estaban viviendo por debajo del umbral de pobreza absoluta. Uno de cada cinco hogares de refugiados sirios encabezados por mujeres estaba subsistiendo con menos de un dinar jordano por persona al día. La situación es aún peor para los refugiados que llegaron antes, lo cual indica que cuanto más tiempo llevan viviendo en el exilio, más vulnerables se vuelven.

Disponemos de estos datos detallados sobre Jordania, pero sabemos que la situación es muy similar en otros países de acogida. Sencillamente no hay recursos suficientes para dar toda la asistencia que necesitan los refugiados.

Y en segundo lugar, muchas personas ya hablan de fatiga de los donantes. Pero, ¿quién está hablando de la fatiga de los países y las comunidades que han estado soportando la peor parte de esta crisis masiva durante los últimos cuatro años? Estos países y comunidades se encuentran peligrosamente al límite de su capacidad y el apoyo internacional está lejos de seguir el ritmo de las crecientes necesidades.

Es difícil imaginar el impacto económico, social y demográfico en las economías y sociedades del Líbano, Jordania, el norte de Irak, Turquía y Egipto. El número de refugiados sirios registrados en el Líbano sería el equivalente a que 22,5 millones de refugiados llegaran a Alemania y 88 millones a los Estados Unidos.

Jordania está afrontando una situación similar debido al gran crecimiento de población. Turquía ya ha gastado 6.000 millones de dólares en asistencia directa a los refugiados y ha emitido un decreto histórico que da acceso a los sirios al mercado de trabajo. Irak, por su parte, se ha visto completamente envuelto en el conflicto sirio y acoge a refugiados sirios junto a 2,5 millones de sus ciudadanos que se han convertido en desplazados internos desde comienzos de 2014.

Dado que los países de acogida no sólo se enfrentan a crecientes riesgos de seguridad debido a la expansión regional del conflicto, sino que además no consiguen la ayuda que necesitan para hacer frente al flujo de refugiados, los sirios están encontrando cada vez más dificultades para llegar a un lugar seguro. Un aumento masivo del apoyo internacional a los países vecinos es vital para preservar el espacio de protección para los refugiados, la estabilidad regional y, sin duda, la paz y la seguridad globales.

Ante esta situación cada vez más desesperada tanto para los refugiados como para los países de acogida, no sorprende que haya más refugiados que se estén viendo obligados a trasladarse otros lugares más lejanos. Desde enero, 15.000 personas han cruzado el Mediterráneo para buscar protección en Europa. Sin una sólida capacidad de búsqueda y rescate por parte de Europa, unas 480 personas se han ahogado en lo que llevamos de 2015, en comparación con las 15 que fallecieron en el mismo periodo del año pasado. Las medidas de vigilancia de fronteras por sí solas no pueden frenar esta tragedia. Es por eso que pedimos no sólo a los países vecinos, sino también al resto del mundo, que mantengan sus fronteras abiertas para las personas que huyen de los conflictos.

Damas y caballeros,

El Plan Regional de Refugiados y Resiliencia (o 3RP) pretende detener esta espiral para garantizar que podemos cubrir las necesidades básicas de los refugiados y evitar que un número creciente se hunda en la pobreza extrema. Estamos pidiendo un apoyo humanitario continuo para actividades básicas de protección y ayuda de emergencia, pero también para evitar algunos de los terribles riesgos de protección a los que se enfrentan los refugiados, como el trabajo infantil, el reclutamiento de menores, la explotación y abuso sexual o los matrimonios precoces. El llamamiento también contempla aspectos de refugio, agua, saneamiento, requisitos mínimos de atención médica y un mayor acceso a la educación para los niños.

Sin embargo, este llamamiento es distinto de otros anteriores, en el sentido de que reconoce los imperativos, tanto inmediatos como a largo plazo, de la respuesta a esta crisis. En concreto, este llamamiento combina el componente humanitario con el de la resiliencia. Este sólido e innovador documento ha sido desarrollado en estrecha colaboración con más de 200 socios y los gobiernos de acogida. El Administrador del PNUD hablará en unos minutos sobre nuestros esfuerzos conjuntos para asistir a las comunidades de acogida y para reforzar la capacidad de los refugiados y las familias locales para hacer frente a esta crisis.

Déjenme subrayar sólo una cosa: es imprescindible que se apoyen con todos los recursos disponibles por parte de los donantes tanto las necesidades humanitarias más inmediatas como los programas de resiliencia a largo plazo. Los presupuestos para asistencia humanitaria son muy insuficientes para cubrir incluso las necesidades más básicas y los actores de desarrollo deben dar un paso adelante para apoyar los esfuerzos a largo plazo.

Los programas para los que estamos haciendo hoy un llamamiento han sido diseñados poniendo un gran énfasis en la búsqueda de respuestas innovadoras y en la efectividad de los costes. De forma creciente estamos utilizando el registro biométrico y la tecnología de escaneo del iris para dar una asistencia más efectiva a las personas más vulnerables. Los tickets de comida y las ayudas económicas en efectivo para las familias más vulnerables no sólo les permiten elegir con dignidad, sino que estamos comprobando que las ayudas económicas en efectivo están mejorando en líneas generales su calidad de vida. Sin embargo miles de familias necesitadas están en lista de espera y no podrán recibir estas ayudas a menos que haya más fondos disponibles.

Uno de los riesgos que más me preocupan sigue siendo la creciente amenaza de una generación perdida de niños sirios. Con más de la mitad de los niños refugiados en edad escolar y otros 2 millones en Siria sin escolarizar, el número de jóvenes en situación de riesgo es impresionante. Ya han perdido su infancia en una terrible guerra y ahora también se enfrentan a la pérdida de su futuro. A pesar de que las agencias humanitarias han hecho grandes progresos para reforzar los sistemas nacionales y comunitarios para ofrecer a los niños refugiados un mejor acceso a la educación y la protección, el creciente riesgo de pobreza están revirtiendo estos logros porque los padres se están viendo obligados a sacar a sus hijos de la escuela. Con apenas el 40% de las necesidades identificadas financiadas en 2014, la iniciativa “No Lost Generation” (No a una generación perdida) necesita un apoyo considerablemente mayor.

Damas y caballeros:

Con necesidades tan colosales como éstas, hay muchos actores involucrados en la respuesta humanitaria, de muchas regiones del mundo. No podemos permitirnos no trabajar juntos con la mayor cooperación posible y coordinar nuestros esfuerzos porque las lagunas son sencillamente demasiado grandes y tenemos que sacar el máximo partido a los recursos disponibles. Y por eso es importante que el sistema de Naciones Unidas trabaje conjuntamente con las ONGs nacionales e internacionales y con los numerosos actores humanitarios de los países musulmanes.

La región del Golfo ha mostrado una gran generosidad, con más de 2.000 millones de dólares donados por Kuwait, Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico en los últimos dos años para las crisis de Siria e Irak, tanto a través de cooperación multilateral como por sus propios canales. Una parte significativa de este apoyo ha permitido a las agencias de Naciones Unidas y a nuestros socios llegar a millones de refugiados vulnerables y a otras personas en necesidad. También ha permitido que los donantes de esta región tengan más voz en la comunidad humanitaria internacional.

El año pasado, aquí en Kuwait, hablé de las profundas raíces que vinculan la legislación actual en materia de refugiados con la ley y tradición islámica. Pero hay mucho más que nos une a todos. Hay varios estudios sobre la convergencia del Derecho internacional humanitario y las tradiciones y textos legales islámicos. El Hadith del profeta (PBUH-la paz sea con él) contiene la obligación de no atacar a los no combatientes o destruir objetos no militares, de respetar ciertos límites en la guerra y proporcionar un trato humano a los prisioneros de guerra, todos ellos piedras angulares del Derecho internacional humanitario.

Incluso si uno analiza rigurosamente la asistencia humanitaria, hay claros paralelismos entre el enfoque de las organizaciones internacionales humanitarias y el zakat, el tercer pilar del islam, que incluye la obligación de ofrecer asistencia a los pobres y necesitados, los fuqara y los masakeen. Y como el Profeta (PBUH) dijo: la mejor caridad es la que se da con una mano sin que la otra ni siquiera lo sepa, sin alardear de ello y con el foco puesto en las necesidades de las personas.

Este momento es una oportunidad para unirnos, para confluir en un enfoque común basado en los valores humanitarios que realmente compartimos. Podemos tener distintas palabras y tradiciones para nuestros principios comunes pero son sólo formas distintas de expresar lo mismo. Mientras preparamos la Cumbre Humanitaria Mundial de Estambul del año que viene, hagamos de la respuesta a la crisis siria una plataforma de lanzamiento de una nueva y verdadera asociación global para la respuesta humanitaria.
Damas y caballeros:

Como dije al principio, nos encontramos en un peligroso punto de inflexión. Si no logramos proporcionar un apoyo adecuado a los refugiados y aquellos que les acogen, así como reforzar su resiliencia para hacer frente a las presiones a largo plazo de esta situación de refugio prolongada, corremos el riesgo de una mayor desestabilización de toda la región. Es cierto que la acción humanitaria sólo puede ser un paliativo. Como dijo el Secretario General, sin una solución política al conflicto, sólo nos encontraremos con más y mayores necesidades humanitarias. Es nuestro deber hacer todo lo que podamos para proteger y asistir a aquellos que hacen frente al peor impacto de esta violenta guerra: el pueblo de Siria.


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