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Niños refugiados sursudaneses tratan de salir adelante en la República Centroafricana Imprimir

©ACNUR/UNHCR/Patience Ntemgwa. Los gemelos Semo y Seto Abu, de 10 años y con discapacidad, huyeron desde su hogar en Sudán del Sur y han encontrado refugio en el asentamiento de Abossi, en Bambouti, en la República Centroafricana.
©ACNUR/UNHCR/Patience Ntemgwa. Los gemelos Semo y Seto Abu, de 10 años y con discapacidad, huyeron desde su hogar en Sudán del Sur y han encontrado refugio en el asentamiento de Abossi, en Bambouti, en la República Centroafricana.
Niños sursudaneses que llegan solos en busca de seguridad a la República Centroafricana se enfrentan a las dificultades de vivir en comunidades sin agua potable, atención médica ni escuelas.

BAMBOUTI, República Centroafricana, 9 de junio de 2016 (ACNUR/UNHCR) – En su hogar de Sudán del Sur, los sacerdotes ayudaban a Semo y Seto Abu, dos gemelos de 10 años con discapacidad, que tienen dificultades para andar y cuidar de sí mismos. Pero la guerra civil asoló su localidad, forzándolos a huir a la República Centroafricana, donde se encuentran una situación desesperada.

“Un grupo armado atacó en noviembre nuestro poblado en Source Yubu. Huimos y tras varios días de camino, finalmente logramos llegar hasta aquí, donde una familia de amigos nos acogió”, cuenta Semo. Los hermanos terminaron en Bambouti, un pequeño conjunto de aldeas en el este de la República Centroafricana, donde actualmente residen más de 10.000 refugiados sursudaneses.

El padre de los gemelos murió el pasado año por una mordedura de serpiente mientras labraba sus tierras. El Ejército de Resistencia del Señor, una milicia que siembra el terror en amplias znas de la región, había secuestrado a su madre tres años antes, durante un estallido de violencia anterior.

Aquí en Bambouti, los gemelos tuvieron la suerte de encontrarse con Jules Sabu, un viejo amigo de sus padres, que los acogió en su modesto refugio y los tomó a su cargo, junto con sus siete hijos propios.

“En Sudán del Sur teníamos la ayuda de sacerdotes, que nos enviaron al colegio y nos dieron triciclos”, explica Seto, entristecido por el recuerdo de la silla de ruedas especialmente adaptada con la que solía moverse. “Ojalá pudiera volver a la escuela”.

El problema es que la última escuela en funcionamiento en Bambouti fue destruida en 2002 durante el conflicto interno en la República Centroafricana. Del mismo modo, no hay médicos ni instalaciones sanitarias, ni tampoco grandes mercados, apenas hay agua potable, y la representación del gobierno o de las agencias humanitarias es casi inexistente. Y tampoco hay triciclos para los gemelos.

Originalmente, la población aquí apenas alcanzaría las 950 personas. La comunidad, que multiplicó su población por diez desde la llegada de los refugiados, está viendo cómo sus recursos locales se encuentran al límite de su capacidad, y los niños en situación vulnerable, como Semo y Seto, son los más afectados.

Mientras tanto, el llamamiento conjunto de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y de sus socios para aliviar la situación de los refugiados sursudaneses en toda la región oriental y central de África está financiado solo en un 17 por ciento.

“La presencia de varios menores no acompañados entre los refugiados de Bambouti suscita una gran preocupación”.

“La presencia de varios menores no acompañados entre los refugiados de Bambouti suscita una gran preocupación”, declara Lazare Kouassi Etien, el Representante de ACNUR en la República Centroafricana. “Nos hemos asegurado de que reciban atención especial. A partir de mediados de junio llevaremos a cabo un registro más completo de estos refugiados, identificando también las familias de acogida en Bambouti que puedan proporcionarles un hogar. Estableceremos vías para la reunificación con los miembros de sus familias, tan pronto como las condiciones de seguridad en Sudán del Sur mejoren”.

La principal guerra civil en Sudán del Sur estalló en diciembre de 2013 y terminó con un acuerdo de paz en agosto de 2015. No obstante, engendró una serie de conflictos de menores dimensiones que retumban todavía, como el que afecta al estado de Ecuatoria Occidental, que forzó a huir a los refugiados que se encuentran en Bambouti.

Durante una reciente misión de evaluación rápida en Bambouti el pasado mes de mayo, el personal de ACNUR se entrevistó con 10 menores no acompañados o vulnerables entre la población refugiada. Se espera el registro más completo que tendrá lugar en junio permitirá a ACNUR identificar a otros menores solos y vulnerables.

Los hermanos Wenya, de 10 años, y Essem, de 12, se separaron de sus cuatro hermanos mayores al huir en noviembre de los combates próximos a Source Yubu, donde vivían en Sudán del Sur. Sus padres murieron y en Bambouti están a cargo de su tía Antunta. La familia pidió que sus nombres fueran cambiados para ocultar su identidad.

“Hemos recibido algunos útiles básicos como mantas y ollas por parte de ACNUR, y también palas, para poder empezar a cultivar y alimentar a los niños”, explicó. “Ya no pueden ir a la escuela y eso les genera una gran preocupación”.

Las agencias humanitarias tienen graves dificultades para recaudar los fondos necesarios para cubrir incluso las necesidades más básicas, como agua, alimentos, refugio y cuidado médico de emergencia para los 2,4 millones de sursudaneses desplazados por el conflicto y sus repercusiones en la economía. Un llamamiento conjunto por 638 millones de dólares para asistir a los refugiados de Sudán del Sur, por parte de ACNUR y sus socios, tiene todavía un 83 por ciento de la financiación por cubrir.

En la lista de prioridades, el poder proporcionar acceso a la escuela se encuentra en segundo lugar, tras el poder asegurar la ayuda básica para la supervivencia de estos refugiados. Pero esto no suficiente para Susan Aminisa, de 10 años, cuyos padres murieron en los mismos combates de noviembre en Source Yubu que obligaron a Wenya y Essem a huir. Susan llegó a Bambouti bajo la protección de su hermana mayor, y con los dos hijos pequeños de ésta.

A pesar de las dificultades diarias para conseguir alimentos y agua potable, y del hecho de vivir en un refugio improvisado, la prioridad de Susan sigue regresar a la escuela. “Ojalá podamos continuar nuestra educación, de forma que en el futuro podamos cuidar de nosotros mismos”, dice. “Me gustaría ser profesora para poder enseñar a otros niños desafortunados".


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