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Noticias Notas de Prensa Popole hace historia dos veces en los Juegos de Río 2016

Popole hace historia dos veces en los Juegos de Río 2016 Imprimir

© ACNUR/UNHCR/Benjamin Loyseau - Popole durante su primer combate, contra el indio Avtar Singh
© ACNUR/UNHCR/Benjamin Loyseau - Popole durante su primer combate, contra el indio Avtar Singh

El judoka congoleño se gana los corazones de los refugiados y de los brasileños con su ejemplo de triunfo ante la adversidad.

RÍO DE JANEIRO, Brasil, 12 de agosto de 2016 (ACNUR/UNHCR) – Cuando la imagen de Popole Misenga apareció en la pantalla gigante, la multitud explotó emocionada. Gritos, canciones y cantos de apoyo penetraron el pesado aire mañanero de Río de Janeiro.

“Vamos Popole, vamos Popole”, cantaban al unísono.

La audiencia en el centro comunitario apenas podía creerlo: un refugiado como ellos, viviendo en Brasil, y compitiendo en los Juegos Olímpicos, el pináculo de los logros deportivos.

Para ellos, no había nada que Popole pudiera hacer mal. El solo hecho de que estuviera participando ya sabía a medalla de oro. Pero, a lo largo de sus 24 años de vida, este joven natural de la República Democrática del Congo (RDC), había desafiado una y otra vez a los pronósticos. Y estaba decidido a hacerlo de nuevo. Esta fiesta estaba lejos de terminar.

Vestido elegantemente con un judogi –traje de judo- de color azul, hizo una reverencia a su contrincante, el más experimentado judoca indio Avtar Singh. Un incómodo silencio se apoderó de la audiencia.

A medida que el combate se desarrollaba y Popole evadía con éxito los intentos de su oponente de ganar ventaja, la emoción aumentaba y el ruido de los espectadores fue in crescendo.

De repente, tras una serie de vueltas y giros, todo terminó. Popole había ganado. La multitud enloqueció. Los niños bailaban, las mujeres lloraban y ululaban, los hombres tocaban los tambores y se abrazaban.

“No estoy feliz, estoy eufórica”, dijo Christine Kamba, una joven madre que llegó a Brasil hace solo 10 meses. “Lo conozco, todos lo conocemos. Es nuestro amigo. Él pelea por nosotros”.

Popole, originario del este de la República Democrática del Congo, asolado por conflictos, solo había ganado el pase a la siguiente ronda, y sería eliminado en su siguiente combate, en el que se enfrentó contra el campeón mundial, pero ya había hecho historia.

“Pensé que nadie me apoyaría. Después vi que todo Brasil lo hacía. Me emocioné. Sentí algo en mi interior: necesitaba ganar ese combate. Y lo gané”, explicó Popole a ACNUR después de la pelea.

Había hecho historia dos veces en una semana. La primera, como miembro del primer Equipo de Refugiados que participa en los Juegos Olímpicos. Segundo, como el primer Atleta Refugiado que pasa a la segunda ronda.

“En el segundo combate, me enfrenté al campeón mundial. Pero volveré después de los Juegos Olímpicos para ganar una medalla. Iré a por este campeón y le ganaré”, añadió, antes de prometer continuar con su entrenamiento. “Estoy muy feliz. Mi nombre ya hizo historia en estos Juegos. Quiero competir más. No pararé”.

La mayoría de los que se habían reunido en el centro comunitario para verle luchar habían tenido poco que celebrar en los últimos tiempos. Habían huido del conflicto y la persecución hacia un futuro incierto, perdiendo familia y amigos, y en ocasiones, hasta la esperanza. Como cada refugiado y muchas otras personas en todo el mundo, llevan al Equipo Olímpico de Atletas Refugiados muy dentro de sus corazones.

© ACNUR/UNHCR/Benjamin Loyseau - Refugiados congoleños en Río observan el combate con emoción.
© ACNUR/UNHCR/Benjamin Loyseau - Refugiados congoleños en Río observan el combate con emoción.

Los 10 miembros del equipo, seleccionados por el Comité Olímpico Internacional con el apoyo de ACNUR, han ganado admiradores por todo el mundo, no solo por proporcionar una oportunidad del más alto nivel a las personas sin representación, sino también como símbolo de esperanza y triunfo sobre la adversidad.

Popole y su compatriota Yolande Mabika, quien luchó antes en su categoría y perdió, han sido especialmente importantes para esta multitud. La mayoría de los cerca de 1.000 refugiados de RDC en Río de Janeiro han pasado por este centro de apoyo, administrado por Cáritas, organización aliada de ACNUR.

“Todos tienen problemas de adaptación, de idioma y traumas, y los ayudamos lo máximo que podemos. Los apoyamos en sus necesidades básicas y a recuperarse”, relató Diogo Felix, organizador de Cáritas.

En 2013, Yolande y Popole vinieron a Río para competir en el Campeonato Mundial de Judo. Su entrenador confiscó sus pasaportes y restringió su acceso a la comida, como había hecho en cada campeonato en el extranjero.

Hartos de años de abusos, huyeron del hotel y caminaron por las calles en busca de ayuda. Terminaron en este centro. Aquí, encontraron amigos y apoyo, y han podido rehacer sus vidas poco a poco.

“Aquí todos somos uno. Ellos pelearon hoy por nosotros y por todos los refugiados. Mostraron de lo que somos capaces”, dijo Charly Kongo de 35 años, uno de los primeros congoleños que llegó al centro, hace 8 años. Ahora trabaja en un hotel local. “La vida ha sido dura, pero Cáritas y ACNUR me han ayudado a ponerme en pie de nuevo”.

Popole también es popular entre los brasileños. Muchos jóvenes pobres se han identificado con su historia. Conmovió a mucha gente cuando rompió a llorar en una conferencia de prensa, recordando que no había visto a su familia desde hace más de 18 años, desde que la guerra le separó de ellos, obligándole a permanecer sólo y escondido en el bosque durante ocho días.

Su entrenador Geraldo Bernardes, ex preparador del combinado brasileño, dijo que se siente orgulloso de ayudar al Equipo de Refugiados.

“Él salió de la arena con una medalla en su pecho. Y yo gané una medalla de oro, una medalla social para el mío… Brasil está dando un gran ejemplo en estos Juegos, sobre cómo recibir a las personas que han sufrido tanto y hacen frente a la desigualdad”, dijo.


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