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Noticias Notas de Prensa Aumenta el número de congoleños que huye a Uganda por causa de la violencia

Aumenta el número de congoleños que huye a Uganda por causa de la violencia Imprimir

Imani, de 22 años, espera para subir a un autobús en Sebagoro (Uganda9, tras haber huido de la violencia en RDC. (© ACNUR/UNHCR/Michele Sibiloni)
Imani, de 22 años, espera para subir a un autobús en Sebagoro (Uganda9, tras haber huido de la violencia en RDC. (© ACNUR/UNHCR/Michele Sibiloni)
GINEBRA, Suiza, 16 de marzo de 2018 (ACNUR/UNHCR).- ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, está trabajando con sus socios en la zona occidental de Uganda para proporcionar asistencia al creciente número de personas, la mayoría mujeres y niños, que huye de la violencia interétnica y del abuso sexual en la República Democrática del Congo.

Más de 57.000 refugiados han sido desplazados por la violencia al este de RDC desde principios de año. La abrumadora mayoría – un 77.5% – son mujeres y niños.

En solo tres días, entre el 10 y el 13 de marzo, más de 4.000 personas han cruzado la frontera con Uganda desde provincias como Ituri o Kivu Norte. Estas cifras superan con creces las de 2017, año en el que huyeron un total de 44.000 personas. ACNUR teme que, si no mejora pronto la seguridad en RDC, miles de personas más podrían huir a Uganda.

La mayoría continúa llegando al país cruzando el Lago Alberto desde Ituri, en embarcaciones frágiles y poco seguras, travesía que se ha cobrado ya las vidas de bastantes refugiados. Además, en los últimos días el mal tiempo ha complicado incluso más la situación. Otros refugiados llegan a pie, a través de las localidades de Kisoro y Ntoroko.

Entre las nuevas llegadas se encuentran personas profundamente traumatizadas por la violencia que han vivido. Algunos llegan agotados, hambrientos, sedientos, enfermos y han huido sin objetos personales o muy escasos.

La falta de acceso a esta zona de la RDC complica ofrecer una imagen detallada de la emergencia. ACNUR ha podido escuchar testimonios escalofriantes sobre violencia, como violaciones, asesinatos y separaciones de miembros de una misma familia.

Estos testimonios responden al empeoramiento de la seguridad que se vive, a conflictos internos y a tensiones entre comunidades. ACNUR tiene conocimiento de que hombres armados atacan localidades, saqueándolas, quemando casas, matando a los civiles indiscriminadamente y secuestrando a niños y jóvenes. Un creciente número de informes indican que la violencia está escalando hasta dimensiones étnicas, con ataques de represalia por parte de grupos tribales.

Docenas de refugiados han relatado al personal de ACNUR en Uganda los casos de violencia sexual a los que han tenido que enfrentarse en RDC. La gran mayoría de personas afectadas son mujeres y niñas, aunque también hay entre ellas hombres y chicos jóvenes.

Debido a ello, ACNUR ha reforzado en la zona los sistemas de identificación y apoyo a los supervivientes de violencia sexual y de género, con un destacado despliegue de personal adicional.

Entre las medidas adoptadas se cuentan el refuerzo de los reconocimientos médicos en los lugares de desembarco del Lago Alberto, un protocolo en los centros de recepción para identificar la violencia sexual y de género y poder disponer de espacios segregados por género.

En colaboración con organizaciones socias, se ha desplegado más personal con formación específica en cuidados psicosociales, con el fin de mejorar la provisión de asistencia a los refugiados supervivientes de violencia sexual y de género. También se han impulsado los contactos con líderes comunitarios y con sus redes para garantizar que los refugiados estén al tanto de los servicios a los que pueden acceder.

Junto a sus socios humanitarios, ACNUR trabaja para salvar vidas del brote de cólera que ha matado ya al menos a 32 refugiados. El número de casos de los que se tiene conocimiento ha caído de manera significativa desde el inicio del brote en febrero, de 668 a 160.

El llamamiento a financiar los casi 180 millones de dólares que se estima son necesarios para la respuesta humanitaria en Uganda apenas ha tenido efecto, restringiendo severamente la capacidad de las organizaciones humanitarias para ofrecer ayuda vital y asistencia. De los 118, 3 millones de dólares requeridos originalmente por ACNUR sólo se ha obtenido un 3%, aun cuando las necesidades humanitarias (comida, agua, refugio y sanidad) continúan siendo grandes.


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