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Noticias Notas de Prensa Los sirios que huyen del conflicto se enfrentan a una dura travesía para cruzar a Líbano

Los sirios que huyen del conflicto se enfrentan a una dura travesía para cruzar a Líbano Imprimir

© ACNUR/M.Abu Asaker. Tres familias que huyeron de Siria este mes y que han empezado a buscar alojamiento en Líbano.
© ACNUR/M.Abu Asaker. Tres familias que huyeron de Siria este mes y que han empezado a buscar alojamiento en Líbano.
ERSAL, Líbano, 10 de septiembre (ACNUR/UNHCR) – Para los sirios que huyen de su hogar nunca hay un buen momento para huir. Zaina*, una joven de 24 años, resistió más de un año de combates en su ciudad natal, Homs, antes de que 10 de sus vecinos murieran por un ataque con helicópteros el mes pasado. En ese momento ella estaba embarazada de nueve meses y entonces decidió que había tenido suficiente.

“Creo que voy a dar a luz y tengo que irme de aquí” dijo.

Zaina, su hermana y su cuñada abandonaron Homs pero no llegaron muy lejos. Antes de llegar a la frontera dio a luz en una tienda a su pequeña, de ojos azules y piel de porcelana, atendida por otros sirios que huían del conflicto.

“Es duro describir lo que es dar a luz sin una madre, un marido o una familia que cuide de tí” cuenta Zaina enjugándose las lágrimas mientras comenta la situación a un equipo de ACNUR que ha ido a visitarla a una casa a medio construir donde ella buscó refugio en el vecino Líbano. La niña, Rama, tiene ahora tres meses y dormita junto a ella.

Para los sirios que huyen de la violencia en su país, el viaje conlleva muchos peligros. Los que llegan al vecino Líbano dicen que han sido tiroteados, devueltos, acosados en los puestos de control u obligados a caminar durante horas por la noche a través de pasos de montaña rocosos con niños pequeños. Un abrumador número de personas que huyen de Siria son mujeres y niños, entre ellos muchas personas enfermas o mujeres embarazadas. Sus hombres o bien han muerto, están combatiendo o bien se han quedado en sus casas para proteger sus barrios.

ACNUR, junto con sus socios operativos en el terreno, está ofreciendo asistencia a los refugiados sirios que llegan a Líbano. Esta asistencia incluye la entrega de material de ayuda como alimentos, utensilios para cocinar, así como cobijo, educación y atención médica. Cerca de 200.000 refugiados han huido de la crisis en Siria, más de 60.000 hacia Líbano.

Sahar*, de 25 años, huyó de Qusair cuando la ciudad fue bombardeada. “Sentimos que quizá era nuestro momento de morir” dice. “Pero no queríamos morir. Queríamos vivir”. Sahar, su hermana y su cuñada se llevaron a sus seis hijos con ellas; el mayor tenía cinco años. El pequeño grupo partió a través de estrechos caminos hacia la frontera, con las bombas explotando a su paso. Los niños pequeños lloraban pero sólo el de cinco años “entendió lo que significaban los tiroteos” recuerda su madre. El niño se sentó en el camino y empezó a llorar diciendo “Dios es grande”.

“Rezo para que nunca veas lo que yo ví” dice Sahar.

Una mujer de Homs que acababa de llegar un día antes describió el viaje como “realmente peligroso”. Ella llegó con un gran grupo en el que había nueve niños pequeños. “Cuando viajas solo y tienes niños la situación es distinta porque los niños no podrían estar sin comida ni agua y no tienen la paciencia suficiente para recorrer largas distancias. Al final yo soy una mujer, no un hombre, y no soy lo bastante fuerte para cargar con los niños” dice. “Estoy muy cansada”.

Mohammed, de 35 años y granjero abandonó su aldea cerca de la frontera cuando la violencia empeoró el mes pasado y acabó con la vida de nueve de sus vecinos en un ataque. A lo largo de la noche y durante 14 horas la familia caminó con sus vecinos, entre ellos 10 niños, uno de apenas tres años. Uno de los niños, Nabeel*, de 9 años, tuvo que ser llevado a hombros por su familia porque nació con una válvula cardiaca defectuosa.

Mohammed intentaba calmar a los otros niños para que no lloraran y no llamaran la atención de las patrullas de la frontera. En un punto determinado empezó un tiroteo pero no sabían de qué dirección provenía así que tuvieron que echarse al suelo. Una vez a salvo en Líbano los niños todavía corren para resguardarse en su tienda cuando oyen el ruido de los aviones que sobrevuelan.

“Es como una película de terror para ellos” dice Manal Ramadan, del Consejo Danés para los Refugiados, un socio de ACNUR en la ciudad de Zahle.

* Nombres cambiados por motivos de protección.

Por Andrew Purvis en Ersal, Líbano


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